Coordinación: Urbta. Dra. Hilda Torres Mier y Terán. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva. Área de Estudios Urbanos. Caracas.

LAS CIUDADES VENEZOLANAS, CRISIS Y RECONSTITUCIÓN (actualización). EL CASO DE VARGAS, 2026.


Venezuela tiene una de las mayores tasas de urbanización del continente, un patrón de concentración espacial urbana predominante de la población, en un sistema de metrópolis y ciudades consolidadas, un nivel de infraestructura importante y recuperable, aún a pesar de su situación de deterioro actual, y una organización institucional local, que no obstante de la crisis que sufre por mengua de recursos y políticas recientes de concentración central del poder, ahora agravado por la tragedia sísimica del estado La Guaira, constituyen todas ciudades con enormes oportunidades de desarrollo para la reconstrucción económica, la reconstitución urbana y la proyección de nuestras ciudades como fuentes de crecimiento, empleo y bienestar

La Guaira, julio de 2026. Fuente: El Estímulo.

La concentración urbana  metropolitana así como ciudades intermedias incluye el Área Metropolitana de Caracas (AMC) y el Litoral Vargas como unidad urbana principal, las ciudades de los Valles del Tuy y de la conurbación Guarenas – Guatire así como el sector de Altos Mirandinos, y las metrópolis de Valencia-Maracay-Puerto Cabello-La Victoria  entre las de mayor magnitud poblacional y significancia económica y material, con tendencia a conformar una gran megalópolis integrada al AMC y otras regiones metropolitanas y ciudades intermedias. Se estima para el año 2050 una población aproximada de 10 millones y medio de habitantes para la conurbación de metrópolis al norte del país. Estas estadísticas deben ser actualizadas, puesto que la migración de venezolanos hacia el exterior hace mella en nuestras ciudades, probablemente de manera diferenciada. En cada caso o aglomeración, existen condiciones de localización estratégica, infraestructura, instituciones de gobierno local, y capital humano, que deben constituir la base de una estrategia de competitividad y de reconstitución urbana con calidad de vida y equidad.

La conurbación megapolitana del norte del país, goza de ventajas comparativas de localización estratégica y de concentración de recursos y capital humano, que la convierte en motor de crecimiento del resto del sistema de ciudades y metrópolis del país, así como de ciudades y poblados menores en un sistema jerárquico e interdependiente. En este sistema, incluso el crecimiento proyectado para metrópolis de segundo rango como Maracaibo – Santa Rita, Barquisimeto – Cabudare, San Cristóbal – La Fría - Cúcuta (sistema binacional), Acarigua – Araure, Barcelona – Puerto La Cruz, Ciudad Bolívar – Ciudad Guayana, donde también se concentra infraestructura para el desarrollo, se prevé incluso mayor que el de la metrópoli caraqueña, desde el punto de vista poblacional, a partir de mediados del presente siglo, cuando la capital verá disminuir progresivamente su población por efectos demográficos.

Ahora bien, el país ha sufrido una crisis económica, social y humanitaria, con una brutal caída acumulada del PIB nacional en los últimos años, especialmente entre 2014 y 2020, con asomos de recuperación solo de los últimos 6 años, estimada en un 4% para 2026segun datos de Fondo Monetario Internacional (WORLDMETER, 2026) . Esto ha traído como consecuencia una situación de catástrofe humanitaria y migraciones forzadas de al menos 7,9 millones de personas, migración sin precedentes en América y una de las mayores en el mundo (ACNUR, 2026). A ello se agregan índices hiperinflacionarios sostenidos, y la disminución de los ingresos públicos a raíz de una drástica reducción en la producción petrolera, principal producto de exportación. La falta de mantenimiento en la infraestructura pública, así como la subinversión, han tenido como resultado violaciones al derecho a un nivel adecuado de vida, el deterioro de servicios básicos como el transporte público y el acceso a agua potable, telecomunicaciones, energía eléctrica y gas.  A lo anterior debe sumarse una tasa de informalidad residencial acumulada cercana al 40% de la población metropolitana, según las estimaciones más conservadoras, y una crisis de seguridad ciudadana.

En la última década, también puede señalarse negativamente la reversión del proceso de descentralización iniciado en la década de 1980,  reversión fundamentada en una visión centralista anti urbana acentuada de parte del gobierno central, trastocando adelantos concretos en cuanto a la transferencia de competencias y de recursos locales y  de democratización de procesos políticos, y llegando incluso a desmantelar arbitrariamente instancias de gobierno local, como el nivel parroquial y la Alcaldía Metropolitana de Caracas, instituciones con rango constitucional, debilitando asimismo las asignaciones presupuestarias y competencias de Alcaldías y Gobernaciones en favor de otras organizaciones comunitarias sin basamento democrático como Comunas y Consejos Comunales,  en buena medida bajo tutelaje del gobierno central.

Asimismo, la inseguridad jurídica e institucional, especialmente en relación con el derecho a la propiedad consagrado constitucionalmente, se ha visto incrementada por diferentes leyes y ejecutorias trasgresoras de la norma, así como por el discurso oficial que ha desestimulado las posibles operaciones de inversión privada nacional o internacional, y mantiene en vilo la propiedad privada industrial, comercial, de servicios y residencial.

El deterioro crítico en la situación institucional y económica general del país, y el descalabro agravado en servicios, equipamientos, infraestructura urbana e informalidad acumulada en nuestras ciudades, constituyen así limitaciones de inmensa magnitud para el logro del derecho a una ciudad equitativa y sostenible, más aún para el logro de metas más complejas pero igualmente indispensables como las de una ciudad verde, inteligente, competitiva, resiliente, hermosa y pujante.

Esta situación se ve lamentablemente agravada en 2026 por la tragedia del doble sismo del día 24 de junio, que ha afectado a decenas de miles de familias y ha ocasionado miles de personas fallecidas por las consecuencias de acciones cuestionables en la construcción de la ciudad resultante de un desastre previo de carácter climático en el Estado de La Guaira, como principal zona afectada entre otras zonas puntalmente de la Gran Caracas y el resto del país.

Ante esta situación de calamidad: ¿cómo reconstituir nuestras ciudades a partir de su indiscutible potencial, y lograr una calidad de vida básica indispensable, apuntando al logro de objetivos de desarrollo, a pesar del deterioro? ¿Cómo obtener provecho de una red urbana consolidada y estratégicamente posicionada a nivel geográfico continental, con la infraestructura recuperable y el capital humano disponible en ella?

La reconstitución de las ciudades venezolanas debe centrarse en la recuperación a través del equipamiento y la infraestructura urbana fundamentales para un nivel de vida adecuado, en favor de  la principal riqueza de la ciudad como es su capital humano,  la generación de empleo, de innovaciones y del desarrollo tecnológico. Esto implica la puesta en valor de la planificación urbana, la planificación económica regional y y del sistema de ciudades, la optimización y el fortalecimiento  del desempeño económico financiero de los gobiernos metropolitanos y locales.

EL LUGAR DE LA PLANIFICACIÓN URBANA Y EL GOBIERNO LOCAL.

El sistema de Planes Urbanos en Venezuela, es uno de naturaleza jerárquica, de acuerdo a lo dispuesto en la Ley Orgánica de Ordenación Urbanística (1987). Esta ley especifica dos niveles de planificación. Una dirigida por el organismo ministerial competente a cargo del gobierno nacional, el cual formula Planes de Ordenación Urbanística POU para las ciudades y áreas metropolitanas. Estos planes destacan la delimitación de la poligonal urbana de cada ciudad, la asignación de densidades residenciales generales o brutas sobre el área total incluida en la poligonal, grandes lineamientos de localización de actividades económicas e infraestructuras de red y vialidad. Los POU, responden a su vez a los Planes Estadales y Nacional de Ordenación del Territorio PNOT, establecidos en la Ley correspondiente (Ley Orgánica de Ordenación del Territorio, 1998), que definen el sistema urbano, la jerarquía de ciudades y su localización en el territorio nacional, además de otras zonas de interés ambiental y de seguridad nacional. Los PNOT son desarrollados también por el gobierno nacional y responden al plan superior o Plan de la Nación, plan que desarrolla los grandes lineamientos de desarrollo sectorial, que el PNOT concreta espacialmente, así como  el POU.

En la cadena jerarquía, continúan los PDUL o Planes de Desarrollo Urbano Local, elaborados por las Alcaldías (gobierno local) para sus ámbitos urbanos o ciudades. Aquí se especifican usos del suelo por sectores y parcelas, densidades netas y obras de infraestructura a y equipamiento urbano a nivel de detalle. Su aplicación se concreta por medio de Ordenanzas de Zonificación que detallan las variables urbanas de desarrollo para edificaciones y terrenos tales como densidades puntuales, espacios abiertos, zonas de equipamientos, alturas, retiros y otras cercanas a la escala constructiva. Se apoya igualmente en las normas de construcción vigentes a nivel nacional y las exigencias de estudios de capacidad del suelo que aportan los planes de mayor jerarquía o el propio plan local. La legislación prevé además otros planes especiales, para zonas específicas dentro de las poligonales urbanas, por ejemplo zonas sujetas a renovación urbana, o zonas de desarrollos informales o barrios, con los cuales se tiene una deuda histórica de integración física, social, constructiva, vial, y de infraestructura y equipamientos, de los cuales carecen o poseen en grado de sub dotación respecto al reto de la ciudad, que los propios habitantes se han proveído con su esfuerzo y ahorros propios, sin la ayuda del Estado técnica, económica o social, a pesar de la importancia de la población residente como fuerza de trabajo y ciudadanos con derechos.

Puede hablarse de ventajas en relación con la existencia de Planes Locales de Desarrollo Urbano (PDUL) elaborados para casi todas la ciudades del país, así como Planes de Ordenación Urbanística (POU) de mayor escala o ámbito espacial, con excepción de la ciudad de Caracas, que  cuenta no obstante con el Plan Caracas Metropolitana 2020, elaborado en 2011 por la Alcaldía Metropolitana, con lineamientos estratégicos de dotación de equipamientos e infraestructura básica, protección ambiental y emprendimiento entre otros aspectos generales. Se cuenta igualmente con un Plan Nacional de Ordenación Territorial vigente (PNOT, 1998) que definió en su momento actividades líderes por ciudad. Sin embargo, este Plan se encuentra amenazado en su aplicación, por la elaboración paralela de planes fallidos como el de desarrollo del Eje Orinoco – Apure, o el Eje Norte – Llanero, totalmente negados a la realidad urbanística, histórica, económica y geográfica ambiental del país, cuya aplicación solo ha desviado recursos y atención sin resultados posibles.  

Debe incluirse también como ventaja para el país, la reflexión acumulada acerca de la habilitación física de barrios, concretada en el Plan del mismo nombre para las principales metrópolis del país, elaborado a partir de la gestión Consejo Nacional de la Vivienda (CONAVI) alrededor del año 2000 y posteriormente paralizado, cuyos contenidos deben ser actualizados e integrados formalmente a todos los planes urbanos del país, sin desviar recursos hacia “políticas de maquillaje” o simplemente desatención, como ha venido sucediendo en los últimos años.

Ahora bien, los planes urbanos existentes deben actualizarse, adoptando el estudio del potencial económico de la ciudad, de las actividades generadoras de riqueza, para definir estrategias de inversión y planificación, con base en la teoría disponible para la modelación económica y espacial. Los planes urbanos y territoriales deben ser actualizados bajo criterios de promoción del desarrollo y del crecimiento urbano compacto y sostenible, ratificando el reconocimiento del sistema integrado y jerarquizado de metrópolis. Asimismo consideramos que debe procurarse la creación de una unidad de análisis en las instituciones de gobierno y académicas para la creación de data sobre crecimiento metropolitano (PIB), como fuente de información para la planificación económica urbana y la planificación urbanística.

Es también necesario plantearse estrategias de atracción de capitales foráneos y la reinversión de capitales nacionales en industrias y servicios clave, así como potenciar las fuentes de recursos tradicionales. Para la atracción de capitales privados foráneos, son necesarias las investigaciones que permitan visualizar experiencias exitosas de inversión y desarrollo urbano, atrayendo estos capitales a partir del estudio del potencial económico, de los recursos naturales y humanos de nuestras ciudades, y contando con la asociación con el sector privado local y con la creación y apoyo a centros de investigación y asociaciones público-privadas encargadas e investigar y fomentar estas estrategias. Pero sobre todo, se requiere estabilidad económica general, seguridad jurídica y legitimidad democrática de las instituciones, que son el respaldo indispensable para la recuperación.

En relación con los ingresos propios municipales, se tienen ventajas en la experiencia de administración municipal acumulada a raíz de los procesos de descentralización desde los años 80, en la disponibilidad de instrumentos de recolección de ingresos propios locales, en las mejoras recientes en los mecanismos administrativos de cobro de impuestos como el de Inmuebles Urbanos (IIU), y en el cobro de plusvalía urbana (caso del Municipio Baruta en Caracas). Sin embargo, debe procurarse la modernización de los mecanismos de auditoría financiera municipal en función de la formulación conjunta de objetivos económicos y de desarrollo o planificación urbana. Debe revisarse la legislación disponible para propiciar la implementación de mecanismos novedosos, distintos a transferencias, tasas e impuestos propios tradicionales, cuya puesta en práctica está también íntimamente ligada al análisis económico y espacial urbano, y a los planes urbanísticos. Igualmente deben llevarse a cabo acciones para optimizar el uso de los instrumentos de ingresos locales vigentes e implementar otros novedosos, especialmente los ingresos asociados al desarrollo de proyectos inmobiliarios. Es necesario revisar las bases y el diseño de otros impuestos como los derivados de instrumentos tributarios sobre el suelo, y mantener al día estudios inmobiliarios ad hoc y reglamentaciones (TORRES, 2013).

Debe asimismo lograrse la integración del trabajo de planificación económica, de planificación urbana y de planificación económico-financiera local en cada municipio o en cada metrópoli de municipios integrados, todo dentro de un marco de seguridad jurídica, de mecanismos de descentralización, de restitución de los niveles de gobierno local urbano y metropolitano, de participación ciudadana y de cooperación subsidiaria del gobierno central.

Dada la situación crítica actual, lograr objetivos de reconstitución urbana como los que aquí hemos sugerido, debe ser una meta inmediata de nuestras instituciones, sin embargo, la elaboración de instrumentos y la implementación de acciones, deben incorporar criterios que permitan desde ahora superar este nivel básico de reconstitución,  y que posibiliten visualizar simultáneamente una imagen objetivo de mediano y largo plazo, que integre nuestros centros urbanos a metas de crecimiento económico, tecnológico y de competitividad, con robustas bases ontológicas, teóricas y empíricas.

EL CASO DEL ESTADO LA GUAIRA. DOBLE SISMO DEL DÍA DE SAN JUAN, 2026.


El día 24 de junio de 2026, día de San Juan, tuvieron lugar dos sismos separados por pocos segundos entre sí, de 7,2 y 7,5 grados en la escala sismológica Mw respectivamente. Este evento excepcional por su intensidad y por su duplicidad casi simultánea, dejó huellas de devastación gravísimas, que sin embargo pudieron ser eludidas o evitadas si se hubiesen cumplido todas las previsiones efectivamente vigentes antes del desarrollo de la mayoría de las edificaciones residenciales y otras devastadas.


La Guaira, julio 2026. Fuente EURONEWS.COM

Según el informe Geoambiental del Estado Vargas, 2011, el suelo del sector costanero de Caraballeda, con de deyección de material arrastrado por deslaves, presenta inestabilidad por licuefacción en zona sísmica 4 (clasificación de FUNVISIS), de alto riesgo por su localización respecto a la Falla de San Andrés (INE, 2011) y basamento profundo, a una distancia mayor de 400 metros de profundidad. Situación similar se describe para la zona de Playa Grande, donde otras edificaciones se desplomaron en el evento sísmico, tanto de viviendas de interés social como de desarrollo particular o privado en menor cuantía, como se reporta en el informe de recopilación de información de H. Siciliano (2026). Esto indica que el conocimiento en relación con la peligrosidad de los terrenos, sin medidas extraordinarias de construcción, derivaría en situaciones de riesgo ya calculadas a partir de su ocupación y edificación sin esas previsiones constructivas.

Adicionalmente los estudios de microzonificación sísmica, exigida en la Norma sismorresistente COVENIN del año 2019 , realizados para buena parte de la metrópolis caraqueña, no fueron realizados, más allá de la zonificación general de plan realizado por la Autoridad Única de Vargas luego del deslave catastrófico sufrido en 1999, cuyas obras hidráulicas de protección de cursos de agua que arrastraron toneladas de material desde la montaña, nunca fueron culminadas en su totalidad o tampoco realizadas con las especificaciones constructivas recomendadas. . Esta zonificación general fue considerada en la elaboración del POU realizado luego, y las zonas de riesgo fueron zonificadas como zonas especiales con fuertes limitaciones edificatorias (Urbanista Ariana Tarhan, 2026).

La responsabilidad de las municipalidades es la de inspeccionar y otorgar la habitabilidad a las edificaciones construidas en sus territorios. La de las empresas constructoras, la de cumplir con las normas exigidas por ley y el uso de materiales de probada calidad y resistencia para los proyectos en ejecución, procedimientos que probablemente fallaron o estuvieron ausentes, bien por omisión, por limitaciones técnicas de las oficinas de Ingeniería Municipal, tales como la falta de personal especializado y recursos, o el impedimento a las inspecciones y aprobaciones impuesto por autoridades del gobierno nacional en el caso de las obras llevadas a cabo sin atención a la autoridad y normas locales.

Según el parte oficial de fecha 22 de julio de 2026, la cantidad de personas fallecidas asciende a la fecha a 5.398, con 16.740 heridos, 23.335 personas en campamentos, 17.907 damnificados, 856 edificios afectados y 190 edificios colapsados (Agencia Venezolana de Noticias AVN. 2026).

Según otras investigaciones preliminares, en el desarrollo de viviendas de interés social de la Misión Vivienda, desarrolladas directamente por el gobierno nacional, de 43 torres denominadas OPPPE, con alrededor de 27.000 residentes, 16 se desplomaron completamente con el trágico resultado de miles de fallecimientos por el colapso. Mientras tanto, otras 27 se mantienen en pie con graves daños estructurales (Armando . Info, 2026).

Se han habilitado más de 79 campamentos temporales en estadios , parques y centros deportivos así como otros levantados informalmente por la propia población afectada. Un tercio de las escuelas de la capital Caracas han sufrido daños en sus instalaciones, dificultando el regreso a clases en septiembre, y según UNICEF, unas 650.0000 personas necesitaran asistencia humanitaria, entre ellas 234.000 menores de edad (NN.UU., 2026). El Grupo Banco Mundial estima en 19.600 millones de dólares los recursos necesarios para la reconstrucción de zonas afectadas por el doble sismo de San Juan en todo el país (BM, 2026)

LA GUAIRA Y SU PLANIFICACIÓN URBANÍSTICA.

La situación de atraso o falta de actualización de los planes urbanos de diferentes escalas en las ciudades venezolanas en las últimas dos décadas con contadas excepciones, se hace ahora una necesidad urgente y por demás delicada para el caso de la Guaira.  La investigación sobre nuevas condiciones o normas constructivas, dado el aprendizaje que debe darse a partir del sismo de San Juan, y el estudio de microzonificación sísmica, son condiciones previas y necesarias para la formulación de objetivos de desarrollo urbanístico, social y económico de la entidad.

La elaboración de un POU, un PDUL, Ordenanzas de densidad y usos del suelo, y otros planes y actuaciones especiales de reconstrucción de los sectores más afectados, también debe ir acompañada del fortalecimiento de la capacidad financiera, técnica y autoridad institucional del gobierno local y de las oficinas de planificación e ingeniería municipales.


                  Propuesta de acciones de ordenamiento urbano (elaboración propia)

La localización de viviendas temporales resulta un tema urgente y que debe ser atendido con visión de evento transitorio, que de lugar al desarrollo de viviendas definitivas que permitan mantener el arraigo de la población local, tomando en cuenta la cantidad de damnificados víctimas del evento sísmico. Estas acciones deben ser coordinadas así, con la visión futura de recomposición urbanística residencial y económica de los sectores citadinos del estado, así como de sus principales fuentes de empleo y recursos, como el aeropuerto y puerto internacionales, con su indudable carácter estratégico y ventajas comparativas a nivel nacional y continental, atractores de intercambio e inversiones internacionales.

Debe atenderse con prioridad y con seriedad la ejecución de obras hidráulicas en previsión de nuevos fenómenos meteorológicos de lluvias extraordinarias y deslaves como el del año 1999.

Debe también extenderse la mirada planificadora y la ejecución de los planes hacia las zonas de vivienda informal o barrios, los cuales, a pesar de no haber sufrido la catástrofe sísmica más que en mínimo grado, son zonas igualmente vulnerables antes otros eventos de la misma naturaleza, con comportamiento distinto, según su intensidad y la particular forma de propagación de ondas, en combinación con los tipos de suelo y las tipologías edificatorias en muchos casos precaria en estas zonas.

Los planes urbanos, deberán plantear el desarrollo armónico de infraestructura de servicios, vialidad, transporte, actividades residenciales, empleadoras turísticas y asociadas a los polos del puerto y el aeropuerto internacional,  y actividades de equipamiento urbano cultural, educacional, recreativo, tecnológico (TORRES, 2023), de salud, entre otros, con normas que deben ser actualizadas y armonizadas (TORRES, 2017), así como medidas de protección ambiental, entre ellas la gestión de escombros,  arborización urbana (TORRES, 2021), mitigación de riesgos ambientales y vulnerabilidades, y capacidad de respuesta resiliente ante eventos extremos climáticos y naturales recurrentes como ya se conoce. Además, la investigación de responsabilidades penales debe ser un punto de partida para acciones de justicia ante situaciones que nunca debieron suceder ni deberán suceder en el futuro.

Urbanista Hilda Torres Mier y Terán. Julio, 2026

hilda.torres@ucv.ve; torresmiery@gmail.com;  Instagram: htmyt2021,

La reconstitución de las ciudades venezolanas: economía urbana, crisis y planificación

 

La reconstitución de las ciudades venezolanas: economía urbana, crisis y planificación.

La reconstitución de las ciudades venezolanas: economía urbana, crisis y planificación.

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El Rosal, M. Chacao. Caracas. Ht/2019

Las ciudades son el asiento de condiciones materiales e inmateriales que favorecen el crecimiento económico, y generan recursos sin los cuales, es imposible alcanzar metas de bienestar, especialmente en el contexto de un planeta creciente y mayoritariamente urbanizado. Con 20 por ciento de la población mundial, las 300 mayores economías metropolitanas del planeta generaron cerca de la mitad del producto global para el año 2014 (Global Metro Monitor). En Venezuela sin embargo, el papel de nuestras ciudades mengua, ante la grave crisis general que vive la nación.

Las economías de las metrópolis del mundo generan cerca del 80% del producto bruto del planeta, cada vez con más acento en el sector terciario y con mayor productividad en el sector de alta tecnología. El mayor reto en el gasto global en los años venideros, será el financiamiento de infraestructura urbana a través de los gobiernos locales que para mantener la economía local y mundial.  Ahora bien, todo ello está  fuertemente determinado por la planificación urbana, pues sólo así pueden definirse programas adecuados de inversión en relación con la futura urbanización.

El programa de asesoramiento a gobiernos locales denominado Autoasesoría de Gobiernos Locales (LGSA en sus siglas en inglés) del Banco Mundial (Farvacque y Vitkovic, 2019), plantea la necesidad de la integración de la planeación urbanística y del estudio de la economía local y las finanzas municipales, para por una parte definir correctamente el objetivo de la ciudad y cuantificar sus requerimientos de inversión en infraestructura, tierra y servicios, y por la otra, para orientar “la optimización de las finanzas municipales, el reconocimiento de cuellos de botella en los ingresos, gastos y prácticas financieras asociadas, el estudio de la solvencia financiera de la municipalidad y su capacidad de inversión”. 

Este programa recomienda la asociación de municipalidades de una ciudad para asegurar la coherencia, el acuerdo, la recolección de data y la distribución de responsabilidades de gobernanza espacial urbana, y promueve entre otros aspectos, la definición de la «marca de ciudad» o «city brand«, entendida esta como la imagen objetivo que se pretende que identifique a la urbe, con base en su potencial específico de desarrollo económico competitivo, fundamentado en la identificación de las actividades con mayor potencial de generación de empleo y la atracción de capitales mediante estímulos fiscales. Tanto las tareas de planificación urbanística como la económica y financiera, exigen la conexión estrecha de trabajo entre departamentos y la relación subsidiaria del gobierno central.

En relación con la planificación urbana, propone el diagnóstico de necesidades de infraestructura y servicios a la escala de la ciudad y del vecindario, el análisis del suelo urbano incluyendo la distribución espacial de usos, el estudio de la estructura parcelaria, del mercado inmobiliario y de las reglamentaciones vigentes. También recomienda prestar especial interés a la situación de la vivienda formal e informal, el acceso a servicios de equipamiento e infraestructura, y sus condiciones estructurales y funcionales. En el análisis financiero local propone como indicadores económicos clave, el PIB per capita nacional y el PIB local urbano, el ingreso medio anual familiar, la tasa de desempleo, el empleo por sectores de actividad y la tasa de informalidad en el empleo de la ciudad.

Este informe no discute sobre teorías o modelos de análisis de economía urbana y regional tales como los de base económica, medio innovador, teorías de análisis espacial y de localización de actividades, teorías de crecimiento económico, o planteamientos conceptuales de planificación urbana y de análisis económico financiero de proyectos urbanos. Tampoco reflexiona sobre aspectos teóricos necesarios para fundamentar los análisis empíricos: teoría de planificación, teoría económica y modelos de crecimiento regional y urbano, teorías de localización espacial de la actividades, modelos administrativos y de finanzas públicas, teoría tributaria, federalismo fiscal y otras ramas teórico – conceptuales importantes para guiar la gestión local. Sin embargo, estos aspectos deben ser desarrollados por expertos, e indefectiblemente incorporados como fundamentos para guiar los estudios prácticos. Asimismo algunos paradigmas como el de una ciudad equitativa, sostenible, compacta, o resiliente, que deben ser discutidos en aras de orientar la concepción del desarrollo.

Una vez determinada la vocación económica, y proyectado el crecimiento urbano de la ciudad o metrópoli, deben formularse los proyectos de inversión necesarios entre los cuales deben seleccionarse aquellos prioritarios o estratégicos. Esto puede realizarse a partir de matrices de decisión participativas y con la aplicación de indicadores de diagnóstico de cada aspecto relevante: infraestructura, equipamientos y espacios públicos, básicamente en proyectos de desarrollo urbano residenciales  y de usos empleadores, proyectos de renovación urbana, y proyectos de habilitación de barrios o zonas informales subequipadas. La identificación de estos proyectos permitirá realizar la aplicación de fondos adecuada, y debe asociarse a la estrategia de crecimiento económico y la obtención de financiamiento.

Las fuentes de financiamiento.

Encontramos en resumen, tres ámbitos de estudio en relación con fuentes de financiamiento local que deben ser considerados: la atracción de capitales para el crecimiento económico local, las fuentes de recursos internacionales para el desarrollo urbano local y las fuentes de ingresos tradicionales de los gobiernos locales.

Tanto la obtención de fuentes de recursos internacionales para el desarrollo, tales como préstamos de organismos multilaterales a través del gobierno central, dirigidos proyectos urbanos o la emisión de bonos de deuda pública, como la optimización del manejo de fuentes de ingreso tradicionales, deben ser idealmente acompañados de programas sostenibles de atracción de capital extranjero local hacia los sectores competitivos de la ciudad, que no sólo pudiesen financiar proyectos de inversión local, sino que principalmente, tiene como objetivo aportar al crecimiento de la economía urbana metropolitana. Su aporte indirecto al desarrollo urbanístico, se concreta a partir de la asociación de la actividad económica con las fuentes de ingresos locales tradicionales como transferencias, impuestos y tasas, así como impuestos a actividades innovadoras como el turismo u otras según el potencial de la ciudad. Para el desarrollo urbanístico, también es posible establecer convenios entre compañías públicas y privadas de prestación de servicios, y obtener  financiamiento a través de inversionistas privados del sector inmobiliario asociados a los proyectos empresariales y a los proyectos de desarrollo metropolitano. En todos los casos es necesario el estudio del potencial económico de la ciudad, y la evaluación social y financiera de los proyectos, con técnicas adecuadas y sólidas bases teóricas y ontológicas.

Por ejemplo, en relación con la atracción de capitales para el crecimiento económico metropolitano, bajo los criterios de la Iniciativa Global de Ciudades, proyecto de patrocinado por  Brookings and JPMorgan Chase,  la ciudad de Wichita, estado de Kansas en los Estados Unidos, poseyendo una rica historia en el tema de aviación, ha venido acogiendo una significativa concentración de experiencia en actividades aeroespaciales, atractivas para las empresas de aerolíneas. Para apalancar esta ventaja,la Universidad local atrae a las firmas internacionales por medio de sus Institutos de investigación en el tema, de tal modo, que en 2017, la empresa francesa Dassault Systèmes de programación (software) aeroespacial, y la empresa Airbus Americas Wichita Engineering Center instalaron respectivas sedes en la ciudad. Esta y otras experiencias reportadas por Bouchet, Barker y Gootman (2019) como la de Portland, estado de Oregon, donde la inversion directa extranjera da soporte a un 30% de la inversion local, por la gestión de asociaciones publico – privadas para el desarrollo económico local (EDO). El progreso obtenido a partir de esta estrategia se conecta con estrategias de desarrollo regional, programas para el mercado global, crecimiento industrial y atracción de talento. Las inversiones aportan incremento del producto económico, de las exportaciones, innovaciones y conexiones a cadenas de suministro globales, a la vez que atraen otras inversiones internacionales en cadena.

En relación con los ingresos locales tradicionales, destaca el manejo del impuesto inmobiliario urbano a la vivienda y a usos empleadores, siendo el primero un instrumento de gran estabilidad económica y espacial relativa, de carácter general y con amplia base de contribuyentes, pero también se contemplan ingresos puntuales menos tradicionales con base en el suelo urbano, como el Land Value Capture o negociación de incrementos de valor de la tierra en nuevos desarrollos a favor de inversiones locales de interés público, el mecanismo del financiamiento por cobro anticipado de impuestos prediales para el financiamiento de infraestructura y equipamientos que favorezcan a los propios desarrollos privados en zonas específicas sujetas a desarrollo o TIF por sus siglas en inglés, el cobro de montos únicos a promotores inmobiliarios o propietarios por impacto obras municipales de las cuales se vieran beneficiado,  Development Impact Fee (TDIF) o “contribución por mejoras”, la negociación de transferencia de derechos de desarrollo, las contribuciones de promotores al desarrollo de una infraestructura, o el cobro de montos de pago por garantías de desarrollo (Development Agreements), por ejemplo, la garantía de estabilidad de los usos del suelo aprobados durante la vida útil de la inversión inmobiliaria. Los impuestos a las actividades económicas suelen tener el mayor peso presupuestario en los ingresos propios, pero tienen como desventaja la transmisión de la imposición al consumidor a través de los precios y el desestímulo relativo a la propia actividad.

Crecimiento económico, planificación urbana y planificación financiera local: interrelaciones.

Una de las variables fundamentales cuyo análisis guía la determinación de la vocación económica de la ciudad, y subsecuentemente de su planificación urbanística, es el Producto Interno Bruto (PIB) Metropolitano, tanto  por su relevancia como indicador, como por la posibilidad que brinda para realizar comparaciones estandarizadas. Diversas instituciones públicas, institutos de investigación y teóricos de la economía urbana y regional, han desarrollado metodologías ad hoc para el cálculo del PIB urbano, dado que los bancos centrales de cada país suelen manejar los análisis de crecimiento del PIB únicamente en el ámbito de lo nacional, y sólo en muy pocos países, en el ámbito regional y urbano. Sin embargo, incluso en estos casos, es complicado obtener la data local necesaria sin una plataforma técnica que soporte las investigaciones, y se utilizan por lo general variables proxy y su correlación con datos del PIB nacional, por ejemplo el consumo energético o la cantidad de telecomunicaciones, dada la escasa disponibilidad de cuentas fiscales sobre la actividades productivas sectoriales en el ámbito local municipal o urbano.

El estudio presentado por Brooking Institutions mide el PIB metropolitano y el empleo en numerosas metrópolis del planeta. En general observa que las economías metropolitanas con tasas más rápidas de crecimiento económico en 2014, se concentraron en los países en desarrollo, especialmente en el Asia del Pacífico, Europa del Este y Asia Central, y las tasas menores se observaron en Europa del oeste, Norte América y los países asiáticos desarrollados. En muchos casos, el crecimiento y el empleo metropolitano avanzaron a un ritmo superior al promedio del país correspondiente, y la mayoría (60%) recuperaba sus niveles de empleo y PIB per capita previos a la recesión mundial del año 2008, con observación de los mayores progresos en las metrópolis especializadas en actividades de comercio, servicios, turismo y manufacturas especializadas, creciendo a menos ritmo las áreas metropolitanas con alta concentración de negocios, finanzas y servicios profesionales. Este estudio no da acceso a la metodología con la que trabaja los datos empleados para el caso de América Latina, indicando que son recopilados por el Instituto de asesoría internacional Oxford Economics. Reporta el caso de Caracas, advirtiendo la falta de información oficial para la estimación de indicadores, y señalando que dentro de las lista de Metrópolis con más lento crecimiento económico, Caracas ocupa el puesto 296, bajando del puesto 129 en 2013,  entre 300 ciudades estudiadas, con una disminución del PIB per capita de 3.5% y del empleo en 0.1%. Vale destacar que en el caso de los Estados Unidos de Norteamérica el U.S. Bureau of Economic Analysis (BEA), produce estadísticas permanentes para las metrópolis norteamericanas, tales como el PIB municipal, estimado como la participación del empleo local urbano, en el empleo del estado correspondiente.

El caso de Caracas, las ciudades venezolanas, crisis y reconstitución.

Venezuela tiene una de las mayores tasas de urbanización del continente, un patrón de concentración espacial urbana predominante en la distribución territorial de la población, un nivel de infraestructura importante y recuperable, aún a pesar de su situación de deterioro actual, y una organización institucional local, que aún a pesar de la crisis que sufre por mengua de recursos y por las políticas recientes de concentración central del poder, constituyen todas oportunidades de desarrollo para la reconstrucción económica, la reconstitución urbana y la proyección de nuestras ciudades como fuentes de crecimiento, empleo y bienestar. La concentración urbana  metropolitana así como ciudades intermedias incluye el Área Metropolitana de Caracas (AMC) y el Litoral Vargas como unidad urbana principal, las ciudades de los Valles del Tuy y de la conurbación Guarenas – Guatire así como el sector de Altos Mirandinos, y las metrópolis de Valencia-Maracay-Puerto Cabello-La Victoria  entre las de mayor magnitud poblacional y significancia económica y material, con tendencia a conformar una gran megalópolis integrada al AMC y otras regiones metropolitanas y ciudades intermedias. Se estima para el año 2050 una población aproximada de 10 millones y medio de habitantes para la conurbación de metrópolis al norte del país. Estas estadísticas deben ser actualizadas, puesto que la migración de venezolanos hacia el exterior hace mella en nuestras ciudades, probablemente de manera diferenciada. En cada caso o aglomeración, existen condiciones de localización estratégica, infraestructura, instituciones de gobierno local, y capital humano, que deben constituir la base de una estrategia de competitividad y de reconstitución urbana con calidad de vida y equidad.

Ahora bien, el país viene sufriendo una crisis económica, social, humanitaria, con proyecciones de contracción del producto del 25%, sólo para el año 2019 (BM), y una caída acumulada del PIB del 60% en los últimos seis años. Esto ha traído como consecuencia una situación de catástrofe humanitaria y migraciones forzadas de millones de personas, migración sin precedentes en América y una de las mayores en el mundo (ACNUR). La Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), luego de la visita a Venezuela del 11 al 22 de marzo de 2019, concluyó en el reconocimiento público de una crisis económica y social, agudizada entre los años 2018 y 2019, con una  economía en contracción, e índices hiperinflacionarios sostenidos, a lo cual se suma la disminución de los ingresos públicos a raíz de una drástica reducción en la producción petrolera, principal producto de exportación. Reconoce asimismo violaciones flagrantes al derecho a la alimentación «incluida la obligación del Estado para garantizar que la población no padezca hambre«,  al derecho a la salud, donde se observa una situación grave y sostenida en el «deterioro creciente de la infraestructura, el éxodo de doctores y personal de enfermería, así como por graves carencias en la atención médica básica y de medicamentos«.

El informe añade que: «la falta de mantenimiento en la infraestructura pública, así como la subinversión, han tenido como resultado violaciones al derecho a un nivel adecuado de vida, entre otros, debido al deterioro de servicios básicos como el transporte público y el acceso a electricidad, agua y gas natural«.  A lo anterior debe sumarse una tasa de informalidad residencial acumulada cercana al 40% de la población metropolitana, según las estimaciones más conservadoras, y una crisis de seguridad ciudadana aguda, ante la existencia de elementos de seguridad pública y grupos paramilitares al servicio de objetivos de represión social y política, con reconocida violación de derechos humanos.

En la última década, también puede señalarse negativamente la reversión del proceso de descentralización iniciado en la década de 1980,  reversión fundamentada en una visión centralista antiurbana acentuada de parte del gobierno central, trastocando adelantos concretos en cuanto a la transferencia de competencias y de recursos locales y  de democratización de procesos políticos, y llegando incluso a desmantelar arbitrariamente instancias de gobierno local, como el nivel parroquial y la Alcaldía Metropolitana de Caracas, instituciones de rango constitucional.

Asimismo, la inseguridad jurídica, especialmente en relación con el derecho a la propiedad consagrado constitucionalmente, se ha visto incrementada por diferentes leyes y ejecutorias trasgresoras de la norma, así como por el discurso oficial amenazante que desestimula las posibles operaciones de inversión, y mantiene en vilo la propiedad privada comercial y residencial.

El deterioro crítico en la situación institucional y económica general del país, las proyecciones negativas de crecimiento económico, y el descalabro agravado en servicios, equipamientos, infraestructura urbana e informalidad acumulada en nuestras ciudades, constituyen así limitaciones de inmensa magnitud para el logro del derecho a una ciudad equitativa y sostenible, más aún para el logro de metas más complejas pero igualmente indispensables como las de una ciudad verde, inteligente, competitiva, resiliente, hermosa y pujante.

Ante esta situación de calamidad: ¿cómo reconstituir nuestras ciudades a partir de su indiscutible potencial, y lograr una calidad de vida básica indispensable, apuntando al logro de objetivos de desarrollo, a pesar del deterioro? ¿Cómo obtener provecho de una red urbana consolidada y estratégicamente posicionada a nivel geográfico continental, con la infraestructura recuperable y el capital humano disponible?

La reconstitución de las ciudades venezolanas consistirá en la recuperación del nivel de vida alcanzado al menos antes del agravamiento de la crisis nacional y de servicios de los últimos años, a través del equipamiento y la infraestructura urbana fundamentales para un nivel de vida adecuado,  para desarrollar la principal riqueza de la ciudad como es su capital humano,  la generación de empleo, innovaciones y el desarrollo tecnológico. Este objetivo implica la puesta en valor de la planificación urbana, la planificación económica, y la optimización del desempeño económico financiero de los gobiernos metropolitanos y municipales integrados.

En cuanto a la planificación urbana, a grosso modo, puede hablarse de ventajas en relación con la existencia de Planes Locales de Desarrollo Urbano (PDUL) elaborados para casi todas la ciudades del país, así como Planes de Ordenación Urbanística (POU) de mayor escala o ámbito espacial, con excepción de la ciudad de Caracas, que  cuenta no obstante con el Plan Caracas Metropolitana 2020, elaborado en 2011 por la Alcaldía Metropolitana, con lineamientos estratégicos de dotación de equipamientos e infraestructura básica, protección ambiental y emprendimiento entre otros aspectos generales. Se cuenta igualmente con un Plan Nacional de Ordenación Territorial vigente (PNOT, 1998) que definió en su momento actividades líderes por ciudad. Debe incluirse también la reflexión acumulada acerca de la habilitación física de barrios, concretada en el Plan del mismo nombre, elaborado a partir de la gestión Consejo Nacional de la Vivienda (CONAVI) alrededor del año 2000 y posteriormente paralizado, cuyos contenidos deben ser retomados, integrándolos a la planificación urbana y financiera. Son también ventajas para la planificación, la experiencia acumulada en el país para el estudio y la modelación de la estructura y el transporte urbano,  y la mejora reciente en las bases de datos georeferenciados de las municipalidades, especialmente en la ciudad capital, entre otras.

Ahora bien, los planes urbanos existentes deben actualizarse, adoptando el estudio del potencial económico de la ciudad, de las actividades generadoras de riqueza, para definir estrategias de inversión y planificación, con base en la teoría disponible para la modelación económica y espacial. Los planes urbanos y territoriales deben ser actualizados bajo criterios de promoción del desarrollo y del crecimiento urbano compacto y sostenible, ratificando el reconocimiento del sistema integrado y jerarquizado de metrópolis. Asimismo debe procurarse la creación de una unidad de análisis en las instituciones de gobierno y académicas para la creación de data sobre crecimiento metropolitano (PIB), como fuente de información para la planificación económica urbana y la planificación urbanística.

En cuanto a las finanzas locales, es necesario plantearse estrategias de atracción de capitales foráneos y la reinversión de capitales nacionales en industrias y servicios clave, así como potenciar las fuentes de recursos tradicionales. Para la atracción de capitales privados foráneos, son necesarias las investigaciones que permitan visualizar experiencias exitosas de inversión y desarrollo urbano, atrayendo estos capitales a partir del estudio del potencial económico, de los recursos naturales y humanos de nuestras ciudades, y contando con la asociación con el sector privado local y con la creación y apoyo a centros de investigación y asociaciones público-privadas encargadas e investigar y fomentar estas estrategias.

En relación con los ingresos propios municipales, se tienen ventajas en la experiencia de administración municipal acumulada a raíz de los procesos de descentralización desde los años 80, en la disponibilidad de instrumentos de recolección de ingresos propios locales, en las mejoras recientes en los mecanismos administrativos de cobro de impuestos como el de Inmuebles Urbanos (IIU), y en el cobro de plusvalía urbana (caso del Municipio Baruta en Caracas). Sin embargo, debe procurarse la modernización de los mecanismos de auditoría financiera municipal en función de la formulación conjunta de objetivos económicos y de desarrollo o planificación urbana. Debe revisarse la legislación disponible para propiciar la implementación de mecanismos novedosos, distintos a transferencias, tasas e impuestos propios tradicionales, cuya puesta en práctica está también íntimamente ligada al análisis económico y espacial urbano, y a los planes urbanísticos. Igualmente deben llevarse a cabo acciones para optimizar el uso de los instrumentos de ingresos locales vigentes e implementar otros novedosos, especialmente los ingresos asociados al desarrollo de proyectos inmobiliarios. Es necesario revisar las bases y el diseño de otros impuestos como los derivados de instrumentos tributarios sobre el suelo, y mantener al día estudios inmobiliarios ad hoc y reglamentaciones.

Debe asimismo lograrse la integración del trabajo de planificación económica, de planificación urbana y de planificación económico-financiera local en cada municipio o en cada metrópoli de municipios integrados, todo dentro de un marco de seguridad jurídica, de mecanismos de descentralización, de restitución de los niveles de gobierno local urbano y metropolitano, de participación ciudadana y de cooperación subsidiaria del gobierno central.

Dada la situación crítica actual, lograr objetivos de reconstitución urbana como los que aquí hemos sugerido, debe ser una meta inmediata de nuestras instituciones, sin embargo, la elaboración de instrumentos y la implementación de acciones, deben incorporar criterios que permitan desde ahora superar este nivel básico de reconstitución,  y que posibiliten visualizar simultáneamente una imagen objetivo de mediano y largo plazo, que integre nuestros centros urbanos a metas de crecimiento económico y competitividad, con robustas bases ontológicas, teóricas y empíricas.

Hilda Torres. Septiembre, 2019

Covid-19. Coronavirus y ciudades. El caso de Caracas (21/03/2020).

 

Covid-19. Coronavirus y ciudades. El caso de Caracas.

 

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Fotografía:  Jonathan Lanza Contrapunto. En: https://contrapunto.com/nacional/sector-salud-exige-reactivacion-del-hospital-periferico-de-coche-ya-no-es-referencia-nacional-en-toxicologia-y-traumatologia/ JUNIO, 2019-

El ataque del Covid-19, virus recién instalado para desmedro de la humanidad entera, viene lamentablemente avanzando a través de todos los continentes, particularmente de las ciudades conectadas globalmente. Resalta que la transmisión o contagio inicia en las ciudades más globalizadas del planeta, por la actividad turística o de negocios internacionales, y en segunda etapa ahora se dispersa hacia las ciudades de los sub continentes menos desarrollados y probablemente menos conectados globalmente, pero con una muy alta tasa de riesgo de mayor mortalidad, dadas especialmente las condiciones sanitarias más deficientes, aún con el necesario apoyo de organismos internacionales, lo que está por verse.

Los efectos sanitarios del COVID-19, con una tasa de mortalidad relativamente baja en comparación con otras endemias y pandemias, alarman sin embargo sobremanera, por el sufrimiento causado en cada familia y comunidad afectada, y produce pánico generalizado de contagio, lo que ha llevado al establecimiento de políticas de aislamiento social o confinamiento casi total de la población en sus casas a nivel mundial, por períodos mayores a quince días incluso, paralizando la economía, afectando el empleo con proyecciones negativas indeseadas o efectos macroeconómicos nefastos que apenas comienzan a estimarse, y distorsionando la vida personal y comunitaria en su casi totalidad. Los efectos del confinamiento también traerán situaciones sanitarias, psicológicas y sociales que están por verse, sobre todo en los países con menos recursos que comienzan a verse afectados, y tendrán incluso consecuencias políticas, que ya se reflejan en una aparente competencia global por demostrar gobiernos fuertes y preparados ante la calamidad.

Ahora bien, las tasas de mortalidad de este virus no se han mostrado iguales en cada país o región. Las medidas de confinamiento han resultado aparentemente muy eficaces e indispensables, pero ellas han debido venir acompañadas de una infraestructura tecnológica y una estructura urbana que debemos destacar. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020), a la fecha de este escrito, se han contabilizado globalmente 234.073 personas infectadas  y 9.840 decesos, con una tasa promedio de 4,2%.

coronavirus mundo 20 de marzo

 

china y corea corona datos 20 de marzo OMS
Fuente: OMS, 2020. Coronavirus disease 2019 (COVID-19)
Situation Report – 60. Al 19 de marzo de 2020. En: https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/situation-reports

Mientras la tasa de mortalidad en la República China a la fecha es de 4,00% aproximadamente, en la nación surcoreana o República de Corea, esta tasa es de 1,08%. La misma es actualmente del 8,03% en Italia, al tiempo que resulta de 0,81% en Alemania. ¿Cuál ha sido la diferencia en las políticas de cada país?

Según el artículo de la BBC de Londres:

«Corea del Sur adelantó una campaña agresiva para combatir el virus. Puso todo su sistema de salud a disposición para diagnosticar tempranamente la presencia del Covid-19 en los habitantes de zonas críticas del paísUn ejemplo de ello es que, a pesar de que EE.UU. y Corea del Sur anunciaron el mismo día el primer caso de coronavirus en sus respectivos países (20 de enero), hasta esta semana EE.UU. había examinado a 4.300 personas en su territorio. Corea del Sur, en cambio, hizo el test en 196.000. Ese método, aunque ha sido calificado de invasivo, ha logrado salvar vidas».

La misma fuente de la BBC para el caso de Alemania, reporta que el amplio alcance de los exámenes permitió también a este país identificar la epidemia desde una etapa muy temprana para trabajar sobre ella, así como la impresionante capacidad del Instituto Koch alemán, de realizar 160.000 exámenes de diagnóstico por semana.

La detección temprana es clave para la definición de las políticas de aislamiento de la población en riesgo, y parece ser también clave en el control de las estadísticas de la enfermedad, pero ella funciona con un capital humano, una infraestructura y equipamientos urbanos indispensables.

La pandemia, así declarada por la OMS, parece mostrar un ciclo de aumento y declive de los contagios cuyo pico más alto ocurre alrededor del día 15 del primer contagio detectado, y el declive inicia aproximadamente a partir de entonces, dependiendo de las medidas de aislamiento y de detección temprana. Esto hace que los países afectados se encuentren en distintas etapas o momentos, con la posibilidad de aprender de los países afectados más tempranamente.

El caso de Caracas: 

Según la OMS (2020) al 1 de marzo de 2020 en Venezuela se reportaron 36 casos de personas contagiadas  desde el día 13 de marzo pasado (según información pública, hoy el número es de 70), con ningún deceso, situación similar a otros países de la región cronológicamente paralelos (en la República China por ejemplo los primeros casos parecen haberse detectado en diciembre de 2019, con lo cual se encuentra en otra etapa, aparentemente en declive del contagio del virus). Brasil presenta 428 casos y 4 decesos, con fecha de primer caso detectado en la última semana del mes de febrero de 2020.

Pero la situación sanitaria de Venezuela resulta grave en términos de migración de personal de la salud al exterior produciendo déficits en especialistas, particularmente en infectología según declaraciones de la Sociedad Venezolana de Infectología desmantelamiento de equipos e infraestructura, clausura de servicios especializados en hospitales, e incluso cierre total de instalaciones hospitalarias,  como es el caso de los hospitales caraqueños de referencia nacional e internacional J.M. de Los Ríos (infantil) y Periférico de Coche, inoperatividad casi total de los ambulatorios comunitarios de atención primaria denominados recientemente «Módulos Barrio Adentro» en comunidades populares, escasez de medicinas y material sanitario, escasez de combustible para el transporte automotor, desnutrición, inseguridad alimentaria y empobrecimiento del 80% de la población en los últimos 6 años (ACNUR, 2019), escasez de agua potable, fallas eléctricas constantes, a lo que se agrega falta de acceso a información pública confiable y transparente por limitaciones a la libertad de expresión, y acciones políticas represivas contra denunciantes de la situación. Aunque el país posee los conocimientos científicos o técnicas de biología molecular para la detección de la COVID- 19, por ejemplo en el Instituto Nacional de Higiene de la Universidad Central de Venezuela, su trabajo se ve limitado por la falta de insumos para este fin y las estructuras hospitalarias, carentes de los insumos esenciales para el tratamiento, con menos de 70 camas de terapia intensiva operativas en el ámbito nacional.

La situación de la ciudad capital, Caracas, no escapa a estas notas generales, aunque la situación se torna incluso más gravemente acentuada en las ciudades del interior del país. La ayuda internacional que está en proceso de ser recibida en términos kits de detección del virus o insumos médicos mínimos como mascarillas, sueros, etc., sólo ayudará parcialmente a aliviar la situación.

¿Qué implicaciones urbanísticas derivan de toda esta situación? El abandono de la infraestructura y los equipamientos urbanos, especialmente los de carácter sanitario que también ha visto el país y nuestras ciudades en los últimos años resulta inaceptable. Se ponen especialmente a prueba en una situación tan excepcional como grave, pero muestran claramente que para mantener la debida calidad de vida urbana, como la productividad necesaria para la sostenibilidad de nuestras ciudades, tanto los equipamientos urbanos puntuales a todas las escalas de atención, como las grandes infraestructuras de redes de agua, electricidad y comunicaciones, son indispensables para la vida, mejor aún, con sistemas democráticos y transparentes.

Urbta. Hilda Torres Mier y Terán.

Más bosques para el planeta, más árboles para la ciudad. PARTE I.

 

Más bosques para el planeta, más árboles para la ciudad. El caso de Venezuela y su capital Caracas.   

En memoria del Arq. Víctor Artís (1933-2017), miembro Honorario de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat de Venezuela, preocupado defensor del arbolado urbano.

Resumen.

Los bosques y el arbolado urbano son herramientas de combate contra el cambio climático, este último entendido como el aumento inusitado de la temperatura ambiental del planeta, que viene registrándose especialmente en los últimos 50 años aproximadamente, con consecuencias incrementalmente desastrosas sobre la vida de todas las especies naturales, incluido el ser humano, fenómeno claramente comprobado, así como su origen antropogénico. El consumo energético de combustibles, y el consumo masivo de materiales contaminantes, las actividades mineras altamente contaminantes y degradantes del ambiente, la deforestación y degradación de bosques y arbolado causados por tala y aumento de espacios para la ganadería, los cultivos agrícolas para la producción de alimentos o de agro carburantes y la explotación descontrolada de los recursos forestales, atentan contra el equilibrio atmosférico, la capa vegetal y la vida. De la limitación de estas actividades degradantes, y particularmente de la protección y de la comprensión de la importancia de los árboles, los sistemas forestales y los ecosistemas asociados, depende en buena medida el éxito sobre esta catástrofe ambiental. Tanto los grandes y bosques y selvas de escala planetaria, como la arborización de ciudades, asiento de la mayor parte de la población son importantes. El incremento de la arborización urbana y la recuperación de bosques cuenta con estrategias que abordan la escala planetaria, con grandes sistemas de bosques continentales y corredores de ciudades-región arborizados, así como otras tácticas que enfatizan la arborización al interior de las urbes, todo lo cual se destacará a continuación, poniendo particular atención al caso de Venezuela y de la ciudad de Caracas, su capital.

Palabras clave: cambio climático, bosques, arbolado, ciudad, Caracas, Venezuela.

PARTE I. Introducción. Cambio climático, bosques y arbolado urbano.

Los bosques y el arbolado urbano son herramientas de combate contra el cambio climático, o el aumento inusitado de la temperatura ambiente del planeta, especialmente en los últimos 50 años aproximadamente, con consecuencias incrementalmente desastrosas sobre la vida de todas las especies naturales, incluido el ser humano, fenómeno claramente comprobado, así como su origen antropogénico (COOK et al., 2013). El consumo energético de combustibles, y el consumo masivo de materiales contaminantes, las actividades mineras altamente contaminantes y degradantes del ambiente, la deforestación y degradación de bosques y arbolado causados por tala y aumento de cultivos agrícolas para la producción de alimentos o de agro carburantes y la explotación descontrolada de los recursos forestales, atentan contra el equilibrio atmosférico, la capa vegetal y la vida. De la limitación de estas actividades degradantes, de la protección y de la comprensión de la importancia de los sistemas forestales y los ecosistemas asociados, depende en buena medida el éxito sobre esta catástrofe ambiental en ciernes. Esto incluye tanto los grandes y bosques y selvas de escala planetaria, como la arborización de ciudades, asiento de la mayor parte de la población mundial. 

Árbol más alto hallado en el AMAZONAS. Árbol más alto hallado
en el AMAZONAS. Fuente: Tobías Jackson. BBC News Mundo.
16 / 09 /2019. https://www.bbc.com/mundo/noticias-49718965

La ciudad es el lugar dominante en la concentración espacial de los seres humanos como sociedades organizadas. Es el hábitat construido que permite la vida de la mayoría, pero ello conlleva cargas e impactos respecto al medio ambiente natural. La complejidad del asunto, exige por lo tanto el estudio conjunto de los grandes bosques y selvas, sus ecosistemas y problemática, en relación con las variables asociadas al desarrollo urbano, sus requerimientos de consumo energético y de bienes, las fuentes de esos requerimientos, y su contribución al cambio climático.  Las ciudades pueden sin embargo aportar grandes remedios a esta situación. Estas van desde lo científico y lo tecnológico con estrategias para minimizar los impactos de los modos de transporte, los materiales de construcción y el consumo de energía, indispensable para el desarrollo, hasta la puesta en práctica de acciones concretas de restitución de la naturaleza, dentro y fuera del ámbito urbano construido. Además de la conservación de los grandes bosques, entre las medidas regeneradoras a escala urbana, destacamos la arborización como una contribución destacada para una ciudad y un planeta más verdes, ambientalmente sostenibles.

El incremento de la arborización urbana y la recuperación de bosques cuenta con estrategias que abordan la escala planetaria, con grandes sistemas de bosques continentales y corredores de ciudades-región arborizados, así como otras tácticas que enfatizan la arborización al interior de las urbes, todo lo cual se destacará a continuación, poniendo particular atención al caso de Venezuela y de la ciudad de Caracas, su capital.

Cambio climático, bosques y arbolado urbano.

Las advertencias y evidencias sobre el cambio climático y sus consecuencias nefastas para la vida se han hecho cada vez más urgentes y preocupantes. Los expertos señalan: “Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, sino en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios. Sin embargo, una reducción sustancial y sostenida de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases de efecto invernadero permitiría limitar el cambio climático. Aunque las mejoras en la calidad del aire serían rápidas, podrían pasar entre 20 y 30 años hasta que las temperaturas mundiales se estabilizasen” (IPCC, 2021).

De acuerdo al informe de United in Science 2021, Organización de Naciones Unidas, y la World Meteorological Organization (ONU, 2021a), las concentraciones de gases de efecto invernadero y su impacto sobre la temperatura ambiente, presentan niveles récord en el planeta, a pesar de la circunstancia atenuante de la reducción de las actividades productivas debida a la pandemia COVID-19, especialmente desde el año 2020, que ha reducido las emisiones del transporte terrestre en cerca de un 5%, aunque esto sólo resulta en un efecto temporal. Con ello el mundo se aleja de los objetivos fijados por el Acuerdo de París (ONU, 2015), tratado internacional para evitar que el calentamiento global que sufre el planeta aceleradamente esté por encima de los 2°C durante el presente siglo. También obstaculiza el avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados por la Organización de Naciones Unidas (ONU,2021b). Más allá de este límite de temperatura, se generarían fenómenos meteorológicos más frecuentes, extremos y devastadores, con un impacto cada vez mayor en las economías y en las sociedades, especialmente incendios e inundaciones. La temperatura media anual del planeta es al menos 1°C más elevada que en la época preindustrial, y probablemente se eleve hasta 1,5°C en los próximos cinco años. El nivel del mar aumentó 20 centímetros entre 1900 y 2018, a un ritmo acelerado entre 2006 y 2018, y aumentará entre 0,3 y 0,6 metros para 2100, o entre 0,3 y 3,1 metros para el año 2300. Aún con un aumento menor a 2°C en la temperatura media, las infecciones, entre ellas la COVID-19, y otros riesgos climáticos tales como las olas de calor y la mala calidad del aire, se combinarán para amenazar la vida de muchas especies y la salud humana en todo el mundo, poniendo en especial riesgo a las poblaciones más vulnerables por su nivel de pobreza o condiciones de salud especiales. Luego del fin de la pandemia, se prevé un aumento adicional considerable de las emisiones y sus efectos, por la reactivación de las economías, el consumo energético y otros factores asociados, pero también por el recrudecimiento de acciones de deforestación y degradación de bosques, causados por incendios forestales, tala, y aumento de actividades agropecuarias y mineras, sobre todo en la Amazonía y en las selvas de Indonesia en el sureste asiático, de importancia planetaria. La degradación de los bosques y del ecosistema natural, no pueden ser compensados más que parcialmente con la reforestación o el recrecimiento natural de la vegetación (WMO, 2021). 

Las ciudades son también parcialmente responsables de la emisión de contaminantes que aceleran el cambio climático, como el CO2, y sufren asimismo sus consecuencias, tanto las inmediatas y localizadas dentro de la ciudad, entre ellas la degradación de la calidad ambiental, el calor y sus efectos nocivos sobre la salud, como otras no necesariamente localizadas, como es el caso de la elevación del nivel de los océanos, las inundaciones, las sequías y las tormentas inusuales, que afectan gravemente la infraestructura, la producción de alimentos y la vida de los habitantes de las ciudades, y de todos los seres vivos.

Los bosques urbanos, las zonas protectoras, los parques nacionales y los sistemas boscosos continentales albergan biodiversidad y ofrecen servicios sociales, tanto al interior de las ciudades como en los sistemas ambientales supra urbanos. Los grandes bosques acogen la mayor parte de la biodiversidad terrestre del planeta, y son el hábitat del 80% de las especies de anfibios, el 75% de las de aves y el 68% de los mamíferos. Alrededor del 60% de todas las plantas vasculares se encuentra en bosques tropicales. Los manglares en las costas también proporcionan lugares de reproducción y criaderos para numerosas especies de peces y crustáceos, y ayudan a retener los sedimentos que podrían perjudicar el fondo submarino y los arrecifes coralinos. Los bosques proporcionan más de 86 millones de empleos verdes y sustentan los medios de vida de muchas personas más. La resiliencia de los sistemas alimentarios humanos y su capacidad de adaptarse a los cambios futuros dependen de la biodiversidad que los bosques protegen; las especies arbustivas y arbóreas adaptadas a las tierras secas ayudan a combatir la desertificación; las especies de insectos, murciélagos y aves que habitan en los bosques polinizan los cultivos; los árboles con sistemas radiculares extensos que se encuentran en ecosistemas montañosos evitan la erosión del suelo, y las especies de manglares favorecen la resiliencia ante la inundación en zonas costeras. Al acentuarse los riesgos para los sistemas alimentarios por el cambio climático, la función de los bosques de captar y fijar carbono mitigando el cambio climático es cada vez más importante para el sector agrícola. Más de 28.000 especies de plantas están registradas como plantas de uso medicinal y muchas de ellas se encuentran asimismo en ecosistemas forestales.

Según la Organización de Naciones Unidas (FAO, 2020), el área total de bosques en el mundo es de 4 mil millones de hectáreas aproximadamente, que corresponden al 31% de la superficie total de la tierra. Esta área es equivalente a 0,52 hectáreas por persona, pero los bosques no están naturalmente distribuidos de manera uniforme por población o situación geográfica. Las zonas tropicales poseen la mayor proporción de los bosques del mundo, hasta 45%, mientras el resto está localizado en las regiones boreales, templadas y subtropicales. Más de la mitad de los bosques está situada en cinco países: Rusia, Brasil, Canadá, los Estados Unidos de América y China. En el mundo, Brasil contiene la mayor proporción de bosques protegidos del planeta con un 21% del total, y le siguen Indonesia y Venezuela con 7% y 6% respectivamente.

Aproximadamente sólo cerca de un 30% de los bosques del mundo son bosques primarios, que se definen como bosques de especies arbóreas autóctonas, regenerados de forma natural, donde los procesos ecológicos no han sufrido perturbaciones destacables. El área de bosque destinada principalmente para la protección del suelo y el agua muestra una tasa de crecimiento positiva en los últimos 10 años y el ritmo de pérdida neta de bosques disminuyó notablemente durante el período 1990-2020 debido a una reducción de la deforestación en algunos países, además de un aumento de la superficie en otros, a través de la reforestación y/o la expansión natural.  Asia tuvo el mayor aumento neto de superficie forestal en el período 2010-2020, seguida por Oceanía y Europa. Entre 2015 y 2020, se estima que la tasa de deforestación fue de 10 millones de hectáreas al año, cuando en la década de 1990 era de 16 millones de hectáreas al año. La superficie de bosques plantados ha aumentado en 123 millones de hectáreas, aunque la tasa anual de aumento se redujo en la última década. (UNECE, 2021a); (GBU, 2015); (UNECE, 2021b); (ONU-Habitat, 2014); (FAO, 2021).

Estos indicadores representan una disminución en la tasa de merma de áreas de bosques, pero no han dejado de perderse vastas superficies boscosas en el planeta, en cifras absolutas, unos 420 millones de hectáreas, especialmente a causa del cambio de usos de la tierra (FAO y PNUMA, 2020b). África tuvo la mayor tasa anual de pérdida neta de bosques en el período 2010-2020, con 3,9 millones de hectáreas, seguida por América del Sur, con 2,6 millones de hectáreas. En África, la tasa de pérdida neta de bosques ha aumentado en cada uno de los tres decenios desde 1990. Hay pérdida de bosques en América del Sur, aunque la tasa de pérdida ha disminuido aproximadamente a la mitad en el decenio 2010-2020 en comparación con el período 2000-2010. Europa y Asia registraron aumento neto de deforestación en 2010-2020 respecto a 2000-2010 y Oceanía también experimentó pérdidas netas de superficie forestal entre 1990 y 2010. La superficie de bosques regenerados de forma natural ha disminuido desde 1990 y de unas 60.000 especies arbóreas conocidas, unas 17.500 se han clasificado como especies en riesgo de extinción, el doble que las especies animales en riesgo. (BGC, 2021).

En el caso de la Amazonia, selva tropical que ocupa territorios de diversos países de la región suramericana y se extiende sobre casi 8 millones de kilómetros cuadrados, esta viene sufriendo niveles de deforestación inéditos especialmente desde 2020, con casi cinco mil kilómetros cuadrados de selva arrasada ese año, debido sobre todo al aumento de áreas para la ganadería extensiva y el cultivo de soja, pero también a causa de los incendios naturales y provocados en aumento, sobre todo en la porción dentro de los límites del Estado de Brasil, esto a pesar de las declaraciones de alto nivel en favor de la defensa ambiental, y de éxitos anteriores, ya que paradójicamente, entre 2004 y 2012, el país había logrado reducir la deforestación hasta en un 80 por ciento (NATGEO, 2018). En la Amazonía brasileña se estima un aumento de 54% en la deforestación en los últimos diez meses respecto al periodo anterior. NATGEO (2020).  https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2020/06/deforestacion-amazonas-alcanza-niveles-historicos-debido-consumo-carne  Esta situación persiste a pesar de algunos esfuerzos institucionales. Por otra parte, en la Amazonía venezolana, la situación es muy preocupante, ya que la actividad minera descontrolada, propiciada por las instituciones públicas, pero fuera de su alcance regulatorio, está afectando más de 111 mil kilómetros cuadrados con actividades altamente contaminantes y deforestaciones masivas, sin mencionar los efectos nefastos sobre poblaciones locales, tribus indígenas y especies naturales. En Colombia, de 2000 a 2018, entre 600 y 1.400 kilómetros cuadrados de bosques amazónicos fueron intervenidos para el desarrollo agropecuario sólo en territorio colombiano (VALENZUELA, 2021).

En el Sureste Asiático, los grandes bosques sufren también una de las mayores tasas de deforestación del planeta. Indonesia ha perdido la cuarta parte de sus bosques en los últimos 25 años a causa de la quema colocando al país en la pasada década como el tercer país emisor en gases de efecto invernadero del mundo. Los incendios forestales sucedidos en Indonesia en 2015 son considerados una de las mayores catástrofes medioambientales del siglo XXI con grandes pérdidas económicas y sociales. Estas quemas son aparentemente responsables del 4% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero, y se producen por la explotación insostenible y la demanda creciente de papel y aceite de palma por parte de empresas mundiales de producción de cosméticos y alimentos procesados, así como la industria de “biocarburantes” para la fabricación de biodiesel a nivel internacional (GP, 2021); (FAO y PNUMA ,2020b).

Además de las actividades humanas, los grandes bosques están sujetos a otras perturbaciones que también pueden afectar negativamente su salud y vitalidad, degradando la estructura y la cubierta forestal, y causando pérdidas irrecuperables de biodiversidad. Los incendios naturales, los fenómenos meteorológicos graves, las plagas, las enfermedades y otras perturbaciones ambientales pueden degradar los bosques, y esto incluso puede afectar negativamente a otros usos de la tierra como los agrícolas, al causar una pérdida de calidad del líquido vital aguas abajo. Los cambios que se están produciendo en la actividad mundial de los incendios en términos de ubicación, intensidad, gravedad y frecuencia probablemente tendrán un costo inmenso en términos de biodiversidad, servicios eco sistémicos, bienestar humano, medios de subsistencia y economías nacionales.

Muchos científicos consideran que las tierras silvestres se enfrentan a condiciones meteorológicas cada vez más difíciles en materia de incendios, a temporadas de incendios prolongadas y a incendios de mayor envergadura influenciados por el cambio climático. Las estimaciones para Europa indican un posible aumento de la superficie quemada por año, para el año 2090, de entre un 120% y un 270% por encima de la media de 2000-2010 (IUFRO, 2018). Las áreas afectadas por fenómenos meteorológicos graves entre 2002 y 2015 están especialmente en América del Norte y Central (entre 2.075.700 y hectáreas 9.081.300), en Europa (entre 230.100 y 784.100 hectáreas), África (entre 1.100 y 22.200 hectáreas), Asia (entre 23.300 y 461.400 hectáreas) y Oceanía (hasta 43.100 hectáreas). Resalta que la fuente FAO (2021) no reporta cifras para América Latina ya que los países no consignaron series contrastables para el período estudiado. Insectos, enfermedades y fenómenos meteorológicos extremos también dañaron cerca de 40 millones de hectáreas de bosques en 2015, particularmente en las zonas templadas y boreales.

La agricultura y ganadería comercial a gran escala, principalmente la cría de ganado vacuno y el cultivo de soja y aceite de palma fueron la causa del 40% de la deforestación de bosques tropicales entre los años 2000 y 2010. La agricultura local de subsistencia fue responsable de otro 33% de deforestación a pesar de que paradójicamente, la agricultura se ve beneficiada por la salud del bosque. Las regiones con poblaciones humanas densas y un uso agrícola intenso, como Europa, América del Norte, algunas partes de Bangladesh, China y la India están menos afectadas en cuanto a su biodiversidad. Pero el norte de África, el sur de Australia, la costa del Brasil, Madagascar y Sudáfrica son zonas donde la pérdida del estado intacto de la biodiversidad es notable, con el agravante de que, en estas regiones, alrededor de 252 millones de las personas que viven en bosques y sabanas, tienen ingresos inferiores a 1,25 dólares norteamericanos al día, es decir, se encuentran en nivel de pobreza extrema y dependiendo de la salud del bosque (FAO y PNUMA, 2020b).  Como consecuencia, existen altos riesgos de que se potencien algunas enfermedades que afectan al ser humano asociadas a especies que subsisten en los bosques intervenidos o degradados, como la malaria, la enfermedad de Chagas, la tripanosomiasis africana (la enfermedad del sueño), la leishmaniasis, la enfermedad de Lyme y las enfermedades causadas por el VIH y el virus del Ébola. La mayoría de las nuevas enfermedades infecciosas, incluido el virus SARS-CoV2 que causó la pandemia actual de COVID-19, son enfermedades zoonóticas y su aparición puede estar relacionada con la pérdida del hábitat natural a causa del cambio de la superficie forestal, con el consumo de especies silvestres, y con la expansión de las poblaciones humanas en zonas forestales, ya que aumenta la exposición de las personas a la flora y fauna silvestres.

Todas estas incidencias requieren oportuna detección, para lo cual el satélite es una forma eficiente de monitorear variables ambientales en detalle. Ello debe ser favorecido con el necesario libre acceso a datos y tecnologías para todos los países. Sin embargo, los instrumentos de teledetección también tienen limitaciones tecnológicas a superar, como la poca capacidad para separar el bosque de otros tipos de vegetación, o para medir la altura de la vegetación, pudiendo generar clasificaciones erróneas. Otras tecnologías disponibles pueden aportar al monitoreo y la vigilancia de la integridad de árboles y bosques, por ejemplo, la tecnología de drones con cámaras y transmisión de video, complementadas con personal especializado en el tema (UNDOCS, 2017).

Parque Los Caobos. Caracas.
En las ciudades, la ausencia de árboles, especialmente en las zonas más pobres de esas ciudades, y la falta de consideración hacia el arbolado y su relación con ecosistemas mayores, pone también en riesgo la salud humana y la supervivencia de especies, y no contribuye con las acciones de combate al cambio climático. Se estima que la siembra estratégica de árboles en la ciudad podría reducir hasta en 8°C la temperatura ambiental, aminorando en un porcentaje significativo, por ejemplo, la necesidad de enfriamiento artificial y contaminante de los ambientes construidos. La vegetación en zonas urbanas densamente pobladas puede reducir el efecto de “isla de calor” producido por la concentración de pavimento y concreto. Asimismo, un árbol puede absorber decenas de kilos de dióxido de carbono CO2 por año, mejorando la calidad del aire y del ambiente. Los árboles también son capaces de remover o almacenar otros contaminantes nocivos como el sulfuro de dióxido, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, cadmio, níquel, y plomo, aunque ello también puede afectarles negativamente, por lo que lo necesario es evitar su emisión. La vegetación reduce la erosión del suelo, favorece el control de aguas superficiales, reduce los deslizamientos de tierra y mitiga los daños por inundaciones.  Puede ayudar a sustituir desagües artificiales, tanques y plantas de tratamiento para la escorrentía de aguas pluviales. Estas últimas son capturadas por la infiltración del suelo alrededor de un árbol hasta en un 80% aproximadamente en zonas boscosas. Un 5% a 20% restante es capturado por la corteza del árbol y las hojas, o se evapora sobre su superficie. No ocurre así en áreas construidas no permeables. Un árbol que crece en unos 30 metros cúbicos de suelo permeable, puede contener la escorrentía de agua de lluvia de una tormenta de 2,5 cm. durante 24 horas, lo que equivale a 223 metros cuadrados de superficie impermeable. La capa de mantillo (hojas muertas) en la superficie del suelo también almacena agua, y protege el suelo de la erosión.

La vegetación de ribera en la ciudad, también es relevante por cuanto proporciona sombra que enfría la temperatura del agua de ríos, riachuelos y quebradas, favoreciendo la proliferación de especies. Al atenuar la velocidad del curso del agua, mitiga asimismo el efecto de inundaciones aguas abajo. El árbol también es útil para la descontaminación de aguas recicladas dirigidas a pozos subterráneos, al absorber muchos componentes como nutrientes para el propio árbol. Los árboles además pueden concentrar y eliminar la contaminación de aguas de escorrentía superficial en la ciudad, la cual puede contener materia contaminante como desechos orgánicos, sustancias patógenas y nocivas, además de otros químicos mencionados. Plantados alrededor de estacionamientos, en parques industriales, comerciales y en zonas residenciales de alta densidad, los árboles pueden asimismo aportar elementos atractivos de paisajismo y ser refugio de aves e insectos benéficos, favoreciendo la biodiversidad. 

La arborización de la ciudad también tiene efectos intangibles al mejorar la percepción de salud de sus habitantes, pero asimismo tiene efectos tangibles, especialmente en la disminución de enfermedades como asma, hipertensión, cáncer de piel, tensión nerviosa o estrés, gracias a sus propiedades contra la contaminación, en favor de la relajación mental, y por la sombra que proporcionan. Tienen probados efectos terapéuticos en condiciones psicológicas como desórdenes o déficits de atención, y ayudan a la concentración para el estudio, al proporcionar cobijo y calma en zonas educativas.  Los árboles pueden ser instrumentos de educación ambiental y general para la infancia, para la integración comunitaria, y para estimular el aporte social de la empresa privada en torno a su siembra y cuidado. Se ha comprobado que las zonas arboladas también reducen el crimen y las conductas antisociales en áreas urbanas, especialmente alrededor de zonas residenciales. Asimismo, aumentan la seguridad vial al servir como barreras laterales a las calles, y propician la reducción de la velocidad de los vehículos debido a la percepción de esta que los árboles, como elementos físicos, inducen en los conductores, y debido a que estimulan la calma al conducir. También elevan considerablemente el valor de las propiedades inmobiliarias, en la medida de la cercanía de los inmuebles a bosques, campos, parques y avenidas arboladas. Pueden reducir considerablemente la contaminación sónica, sobre todo los ejemplares ubicados cerca de los puntos de emisión, y a la vez propician sonidos apaciguadores como el canto de aves o el movimiento del follaje con el viento. Además, todo ello tiene impactos positivos en las finanzas de los gobiernos urbanos y nacionales al reducir costos energéticos, aumentar el valor la base tributaria inmobiliaria, mitigar desastres climatológicos y mejorar la salud pública. La Organización Mundial de la Salud adscrita a la Organización de Naciones Unidas, asegura que se necesita, al menos, un árbol por cada tres habitantes urbanos para respirar un mejor aire en las ciudades, y un mínimo de entre 10 y 15 metros cuadrados de zona verde per cápita.  Esto implica la elaboración de planes urbanos y proyectos, en los cuales el árbol sea un elemento fundamental del diseño, del equipamiento y de la infraestructura de la ciudad, y que resulte en una distribución equitativa, equilibrada espacialmente, del acceso de los residentes a las zonas arboladas.

También deben considerarse algunos efectos contraproducentes de un plan de arborización con errores en su implementación, por ejemplo, la siembra excesiva de especies productoras de partículas alergénicas, o de especies exóticas con alta demanda de irrigación, cuyas raíces pudiesen alterar las aguas subterráneas disponibles, o afectar con su presencia a otras especies vegetales y animales autóctonas. La densidad del follaje por concentración espacial de ejemplares en zonas de alta emisión de gases, como calles con alta circulación vehicular contaminante, pueden impedir la dispersión de esos gases siendo también eventualmente contraproducente. Sin embargo, el distanciamiento demasiado extenso entre ejemplares impide la generación de efectos de sombra y disminución de la temperatura, protección de los elementos como el viento entre árboles vecinos, y abrigo de especies animales beneficiosas, por lo que debe encontrarse un adecuado equilibrio entre concentración y distanciamiento. En todos los casos se recomienda que la siembra del árbol sea complementada con arbustos y herbáceas, que permita también enriquecer los pequeños ecosistemas en sus alrededores (FAO, 2020b)

La situación actual del arbolado urbano muestra algunos indicadores promisorios pero insuficientes. Cincuenta y dos países y territorios reportaron la existencia de árboles en espacios urbanos, con una superficie total de 20,3 millones de hectáreas en 2020. Más de dos tercios se encuentran en América del Norte y Central, en algunas áreas menores en Europa con 2,77 millones de hectáreas, y en Asia con 2,40 millones de hectáreas. Pero la disponibilidad de arborización depende en buena medida de la existencia de espacios verdes, y estos, del modelo de ciudad prevaleciente, de la morfología urbana y los patrones de desarrollo urbano, de las estrategias de expansión, densificación, o conurbación urbana, y de los elementos internos estructurantes tales como la trama vial, las normas de construcción y la estructura parcelaria, pudiendo estas admitir o no la arborización. Por ejemplo, ella es prácticamente imposible en la vialidad típicamente moderna y separada del parcelario o a desnivel. Sin embargo, la calle corredor tradicional y las avenidas propias de los modelos ajardinados de ciudad, que bien pueden ser combinados con altas densidades puntuales o ciudad compacta, son excelentes oportunidades para el plantado de árboles urbanos en espacios públicos, además los espacios privados como jardines y áreas de esparcimiento. Los parques públicos recreativos, los bosques urbanos y áreas de protección ambiental como cinturones verdes y parques nacionales adyacentes son también espacios de oportunidad para la arborización.

Tala indiscriminada. Caracas. ,
Crónica Uno. Junio, 2020.

La plantación de árboles urbanos exige ciertas previsiones para salvaguardar la salud de los ejemplares. Por ejemplo, se ha estudiado que su crecimiento inicial en potes de siembra deforma sus raíces aprisionándolas, de modo que aún al trasplantarles a espacios de terreno con menos restricciones, esas deformaciones se mantienen, y limitan el crecimiento del árbol.  Otras limitaciones a la salud del árbol urbano son la concentración de ozono y otros químicos atmosféricos producidos entre otros por la contaminación automotora, la lluvia ácida, y la contaminación de suelos por materias químicas nocivas que deben ser erradicadas como ya se mencionó. Otras amenazas a la vegetación urbana son causadas directamente por el hombre: el vandalismo, la tala de ramas indiscriminada, el barrido de las hojas del árbol que afecta el ciclo biótico de absorción de sus nutrientes en el suelo, la exposición a luz artificial durante las horas nocturnas, que estimula la reproducción precoz y la pérdida de follaje temprano, minimizando sus efectos benéficos. Los árboles urbanos requieren de vigilancia sanitaria constante por el acecho de plagas. La selección de especies y la variedad genética juegan también un papel importante para la supervivencia del árbol urbano, ya que debe propiciarse el respeto a las condiciones y especies locales, así como la variedad genética y especies complementarias entre otros aspectos relacionados. Por otra parte, es también necesario considerar el acceso del árbol un área de tierra suficiente para su buen desarrollo, a nutrientes, a aguas subterráneas y superficiales, así como a drenajes adecuados en el caso de excesos de lluvia. La cobertura la superficie de los terrenos y vías con capas asfálticas y de concreto, impide la absorción del agua de lluvias, la salud del suelo y de la arborización.

Asimismo, se precisa su protección contra impactos y daños físicos, especialmente durante su crecimiento, a partir del uso de mobiliario urbano ad hoc, por ejemplo, rejas circundantes al tronco de ejemplares en crecimiento, y la elaboración de bases de datos de ejemplares existentes y espacios con y sin vegetación.

Es indispensable la existencia de centros de investigación y programas de educación especializados en el área biológica, que trabajen multidisciplinariamente con urbanistas, paisajistas y diseñadores urbanos, y con expertos en contaminación atmosférica, ingenieros sanitarios, y expertos en hidrología, entre otros especialistas, incorporando a comunidades, escuelas, gobierno local, agentes de administración pública y empresas privadas.

Deben tomarse muy en cuenta también estrategias para lograr la equidad espacial en la distribución de la arborización urbana. Los sectores residenciales planificados bajo modelos ajardinados son los que se han benefician mayormente de cierta cobertura, más no sucede así en zonas céntricas y núcleos de negocios, en zonas de residencia de alta densidad sin previsión de espacios verdes, y en barrios informales de menores ingresos de las familias residentes. El caso de las zonas residenciales informales o autoproducidas, donde el espacio abierto es casi inexistente, convierte a estas zonas pobres en las menos beneficiadas de la arborización urbana. La Organización Mundial de la Salud sugiere garantizar el acceso a los residentes urbanos a un espacio verde, localizado a menos de 15 minutos de traslado a pie desde la vivienda, lo que coincide con la visión de una ciudad con mixtura de usos del suelo, polinuclear y compacta que desde hace algunos años se viene promocionando como modelo de ciudad sostenible. Este modelo, de ser aplicado, debe extenderse a toda la ciudad, incluyendo especialmente las zonas más desprotegidas.

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