Coordinación: Urbta. Dra. Hilda Torres Mier y Terán. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva. Área de Estudios Urbanos. Caracas.

BARRIOS INFORMALES, RIESGO SÍSIMICO Y CLIMÁTICO. EL EVENTO DEL DOBLE TERREMOTO DE SAN JUAN, CARACAS 2026. I.

 

Los barrios autoproducidos o informales, pueden definirse como desarrollos urbanísticos propios de la metrópolis moderna. Son zonas residenciales surgidas a partir de la necesidad de vivienda y hábitat de población de bajos ingresos que al no encontrar oportunidades dentro de los mecanismos de producción formal, pública o privada, proceden a la ocupación de terrenos con o sin adjudicación de propiedad, sin consideraciones profesionales de planificación. Sus residentes se avocan a la autoproducción de sus viviendas y de precarios equipamientos colectivos y de infraestructura, sin el acompañamiento técnico ni financiero de carácter público requerido. 

Las Dos Rosas. La Ladera, UPF Gran San Miguel.
Parroquia La Vega, Caracas. HT/2008.

Esta producción es progresiva en el tiempo, dando lugar a procesos de consolidación que persisten por dos o más generaciones, dependiendo de la disponibilidad de recursos, y del posterior apoyo aleatorio de instituciones públicas y privadas en obras puntuales, casi nunca estructurales. Las viviendas informales, hoy consolidadas con hasta 4 y 5 pisos o niveles de altura, son el producto de procesos de densificación y macizado (Bolívar, 1994), y presentan en algunas fallas de cálculo estructural, así como de diseño funcional y especialmente de ventilación, que deben ser tomados en cuenta por políticas de consolidación desde el sector público, además de la dotación de vialidad, transporte y servicios, com por ejemplo se había contemplado en el fallido Plan de los Barrios formulado por el Consejo Nacional de Vivienda  a principios de siglo XXI, paralizado por el propio gobierno nacional.

El origen de los barrios autoproducidos estuvo generalmente determinado por migraciones campo – ciudad del siglo XX en Venezuela, aún persistentes en algunas ciudades del siglo XXI en los continentes asiático y africano, y presentes en la historia post Revolución Industrial europea entre otros casos históricos. Está enmarcado en procesos de transición urbana, ciudad – tradicional a metrópolis, y en la tendencia de urbanización irreversible del planeta y del país. 

En  Venezuela, los llamados “barrios urbanos”, favelas o bidonvilles en otras latitudes, datan de  hace un siglo o incluso más tiempo desde su conformación. Este es el caso del barrio La Ladera en la Parroquia La Vega, ciudad de Caracas, fundado el año 1916 (Baldó y Villanueva, 1994), con motivo del desarrollo de la actividad industrial cementera (cantera) en las inmediaciones del antiguo poblado pre existente, este último asociado a la actividad agrícola circundante en el siglo XIX, e incluso a asentamientos coloniales y precolombinos en las inmediaciones. Algunos vestigios del siglo XIX, pre modernos o pre metropolitanos, persisten en el lugar, particularmente en su casco histórico así como en las partes bajas de las laderas a su alrededor, mezcladas con el desarrollo formal e  informal moderno. Hoy el barrio La Ladera, localizado al oeste del casco histórico del pueblo de La Vega, colinda con la avenida arterial Intercomunal de Montalban, y sin embargo permanece aislado de la trama metropolitana, como un tesoro de historia y arquitectura popular por descubrir, y como una zona requerida de políticas de superación del sub equipamiento urbano existente, equipamiento que la legislación prevé para toda la ciudad y para todos sus ciudadanos. 

El riesgo por eventos climatológicos extremos tales como “vaguadas” y “deslaves”, asociados a lluvias extremas, combinado con la situación de sub equipamiento urbano, ausencia de obras de infraestructura e ingeniería de suelos en los barrios urbanos han derivado en situaciones de emergencia con pérdida de vidas y viviendas en los barrios caraqueños. Vale destacar especialmente la vaguada del año 1999 cuyos efectos fueron gravemente mortales en el entonces estado Vargas, hoy estado La Guaira, tanto en barrios informales como en algunas zonas formales de esta franja costera vital y vecina de la capital caraqueña. 

Hoy, el doble sismo del pasado 24 de junio de 2026, produjo aún más devastación y dolor en La Guaira, ya que las limitaciones legales al desarrollo urbanístico, especialmente en suelos aluvionales, advertidas en los estudios posteriores al evento de deslaves de 1999, no fueron tomadas en cuenta para la construcción de grandes conjuntos de vivienda popular por parte del gobierno nacional, o no fueron suficientes, dada la ausencia de estudios de microzonificación de riesgo. También se vieron afectadas edificaciones del sector privado con pérdida total de bienes y vidas, que indican la necesidad de profundizar en los estudios de suelo y zonificación, así como en la supervisión de métodos constructivos y materiales de calidad por parte de las autoridades competentes, particularmente las Oficinas de Ingeniería municipales, a las cuales deben someterse los proyectos públcios y privados, incluso los promovidos por el alto gobierno nacional.

No obstante, contrariamente a los temores de académicos, especialistas y de la propia población, el doble sismo de San Juan, compuesto de dos sismos sucesivos, separados por segundos, con magnitudes de 7,1 y 7,5 puntos de intensidad, no hizo mella significativa o evidente en los barrios informales, bien los del estado La Guaira o los de la ciudad de Caracas, con alrededor de 2 millones de residentes. 

Esta afortunada situación, sin embargo, debe ser sometida a análisis profundo y detallado, tanto para verificar la estabilidad real de las edificaciones que resistieron el sismo sin daños aparentes, como para comprender las características constructivas y de estructura de suelos que evitaron situaciones de extrema gravedad. Tanto como las instituciones se han abocado a la supervisión de edificaciones construidas en zonas formales para su clasificación ante daños sufridos por el evento sísmico, cada barrio debe ser beneficiario de inspecciones similares, que permitan evitar futuras tragedias posibles, y que fortalezcan la planificación de integración física y social de estos sectores de la ciudad, sin cuya población productiva, sería imposible la vida metropolitana. 

H. Torres, 2026


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