Coordinación: Urbta. Dra. Hilda Torres Mier y Terán. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Escuela de Arquitectura Carlos Raúl Villanueva. Área de Estudios Urbanos. Caracas.

LAS CIUDADES VENEZOLANAS, CRISIS Y RECONSTITUCIÓN (actualización). EL CASO DE VARGAS, 2026.


Venezuela tiene una de las mayores tasas de urbanización del continente, un patrón de concentración espacial urbana predominante de la población, en un sistema de metrópolis y ciudades consolidadas, un nivel de infraestructura importante y recuperable, aún a pesar de su situación de deterioro actual, y una organización institucional local, que no obstante de la crisis que sufre por mengua de recursos y políticas recientes de concentración central del poder, ahora agravado por la tragedia sísimica del estado La Guaira, constituyen todas ciudades con enormes oportunidades de desarrollo para la reconstrucción económica, la reconstitución urbana y la proyección de nuestras ciudades como fuentes de crecimiento, empleo y bienestar

La Guaira, julio de 2026. Fuente: El Estímulo.

La concentración urbana  metropolitana así como ciudades intermedias incluye el Área Metropolitana de Caracas (AMC) y el Litoral Vargas como unidad urbana principal, las ciudades de los Valles del Tuy y de la conurbación Guarenas – Guatire así como el sector de Altos Mirandinos, y las metrópolis de Valencia-Maracay-Puerto Cabello-La Victoria  entre las de mayor magnitud poblacional y significancia económica y material, con tendencia a conformar una gran megalópolis integrada al AMC y otras regiones metropolitanas y ciudades intermedias. Se estima para el año 2050 una población aproximada de 10 millones y medio de habitantes para la conurbación de metrópolis al norte del país. Estas estadísticas deben ser actualizadas, puesto que la migración de venezolanos hacia el exterior hace mella en nuestras ciudades, probablemente de manera diferenciada. En cada caso o aglomeración, existen condiciones de localización estratégica, infraestructura, instituciones de gobierno local, y capital humano, que deben constituir la base de una estrategia de competitividad y de reconstitución urbana con calidad de vida y equidad.

La conurbación megapolitana del norte del país, goza de ventajas comparativas de localización estratégica y de concentración de recursos y capital humano, que la convierte en motor de crecimiento del resto del sistema de ciudades y metrópolis del país, así como de ciudades y poblados menores en un sistema jerárquico e interdependiente. En este sistema, incluso el crecimiento proyectado para metrópolis de segundo rango como Maracaibo – Santa Rita, Barquisimeto – Cabudare, San Cristóbal – La Fría - Cúcuta (sistema binacional), Acarigua – Araure, Barcelona – Puerto La Cruz, Ciudad Bolívar – Ciudad Guayana, donde también se concentra infraestructura para el desarrollo, se prevé incluso mayor que el de la metrópoli caraqueña, desde el punto de vista poblacional, a partir de mediados del presente siglo, cuando la capital verá disminuir progresivamente su población por efectos demográficos.

Ahora bien, el país ha sufrido una crisis económica, social y humanitaria, con una brutal caída acumulada del PIB nacional en los últimos años, especialmente entre 2014 y 2020, con asomos de recuperación solo de los últimos 6 años, estimada en un 4% para 2026segun datos de Fondo Monetario Internacional (WORLDMETER, 2026) . Esto ha traído como consecuencia una situación de catástrofe humanitaria y migraciones forzadas de al menos 7,9 millones de personas, migración sin precedentes en América y una de las mayores en el mundo (ACNUR, 2026). A ello se agregan índices hiperinflacionarios sostenidos, y la disminución de los ingresos públicos a raíz de una drástica reducción en la producción petrolera, principal producto de exportación. La falta de mantenimiento en la infraestructura pública, así como la subinversión, han tenido como resultado violaciones al derecho a un nivel adecuado de vida, el deterioro de servicios básicos como el transporte público y el acceso a agua potable, telecomunicaciones, energía eléctrica y gas.  A lo anterior debe sumarse una tasa de informalidad residencial acumulada cercana al 40% de la población metropolitana, según las estimaciones más conservadoras, y una crisis de seguridad ciudadana.

En la última década, también puede señalarse negativamente la reversión del proceso de descentralización iniciado en la década de 1980,  reversión fundamentada en una visión centralista anti urbana acentuada de parte del gobierno central, trastocando adelantos concretos en cuanto a la transferencia de competencias y de recursos locales y  de democratización de procesos políticos, y llegando incluso a desmantelar arbitrariamente instancias de gobierno local, como el nivel parroquial y la Alcaldía Metropolitana de Caracas, instituciones con rango constitucional, debilitando asimismo las asignaciones presupuestarias y competencias de Alcaldías y Gobernaciones en favor de otras organizaciones comunitarias sin basamento democrático como Comunas y Consejos Comunales,  en buena medida bajo tutelaje del gobierno central.

Asimismo, la inseguridad jurídica e institucional, especialmente en relación con el derecho a la propiedad consagrado constitucionalmente, se ha visto incrementada por diferentes leyes y ejecutorias trasgresoras de la norma, así como por el discurso oficial que ha desestimulado las posibles operaciones de inversión privada nacional o internacional, y mantiene en vilo la propiedad privada industrial, comercial, de servicios y residencial.

El deterioro crítico en la situación institucional y económica general del país, y el descalabro agravado en servicios, equipamientos, infraestructura urbana e informalidad acumulada en nuestras ciudades, constituyen así limitaciones de inmensa magnitud para el logro del derecho a una ciudad equitativa y sostenible, más aún para el logro de metas más complejas pero igualmente indispensables como las de una ciudad verde, inteligente, competitiva, resiliente, hermosa y pujante.

Esta situación se ve lamentablemente agravada en 2026 por la tragedia del doble sismo del día 24 de junio, que ha afectado a decenas de miles de familias y ha ocasionado miles de personas fallecidas por las consecuencias de acciones cuestionables en la construcción de la ciudad resultante de un desastre previo de carácter climático en el Estado de La Guaira, como principal zona afectada entre otras zonas puntalmente de la Gran Caracas y el resto del país.

Ante esta situación de calamidad: ¿cómo reconstituir nuestras ciudades a partir de su indiscutible potencial, y lograr una calidad de vida básica indispensable, apuntando al logro de objetivos de desarrollo, a pesar del deterioro? ¿Cómo obtener provecho de una red urbana consolidada y estratégicamente posicionada a nivel geográfico continental, con la infraestructura recuperable y el capital humano disponible en ella?

La reconstitución de las ciudades venezolanas debe centrarse en la recuperación a través del equipamiento y la infraestructura urbana fundamentales para un nivel de vida adecuado, en favor de  la principal riqueza de la ciudad como es su capital humano,  la generación de empleo, de innovaciones y del desarrollo tecnológico. Esto implica la puesta en valor de la planificación urbana, la planificación económica regional y y del sistema de ciudades, la optimización y el fortalecimiento  del desempeño económico financiero de los gobiernos metropolitanos y locales.

EL LUGAR DE LA PLANIFICACIÓN URBANA Y EL GOBIERNO LOCAL.

El sistema de Planes Urbanos en Venezuela, es uno de naturaleza jerárquica, de acuerdo a lo dispuesto en la Ley Orgánica de Ordenación Urbanística (1987). Esta ley especifica dos niveles de planificación. Una dirigida por el organismo ministerial competente a cargo del gobierno nacional, el cual formula Planes de Ordenación Urbanística POU para las ciudades y áreas metropolitanas. Estos planes destacan la delimitación de la poligonal urbana de cada ciudad, la asignación de densidades residenciales generales o brutas sobre el área total incluida en la poligonal, grandes lineamientos de localización de actividades económicas e infraestructuras de red y vialidad. Los POU, responden a su vez a los Planes Estadales y Nacional de Ordenación del Territorio PNOT, establecidos en la Ley correspondiente (Ley Orgánica de Ordenación del Territorio, 1998), que definen el sistema urbano, la jerarquía de ciudades y su localización en el territorio nacional, además de otras zonas de interés ambiental y de seguridad nacional. Los PNOT son desarrollados también por el gobierno nacional y responden al plan superior o Plan de la Nación, plan que desarrolla los grandes lineamientos de desarrollo sectorial, que el PNOT concreta espacialmente, así como  el POU.

En la cadena jerarquía, continúan los PDUL o Planes de Desarrollo Urbano Local, elaborados por las Alcaldías (gobierno local) para sus ámbitos urbanos o ciudades. Aquí se especifican usos del suelo por sectores y parcelas, densidades netas y obras de infraestructura a y equipamiento urbano a nivel de detalle. Su aplicación se concreta por medio de Ordenanzas de Zonificación que detallan las variables urbanas de desarrollo para edificaciones y terrenos tales como densidades puntuales, espacios abiertos, zonas de equipamientos, alturas, retiros y otras cercanas a la escala constructiva. Se apoya igualmente en las normas de construcción vigentes a nivel nacional y las exigencias de estudios de capacidad del suelo que aportan los planes de mayor jerarquía o el propio plan local. La legislación prevé además otros planes especiales, para zonas específicas dentro de las poligonales urbanas, por ejemplo zonas sujetas a renovación urbana, o zonas de desarrollos informales o barrios, con los cuales se tiene una deuda histórica de integración física, social, constructiva, vial, y de infraestructura y equipamientos, de los cuales carecen o poseen en grado de sub dotación respecto al reto de la ciudad, que los propios habitantes se han proveído con su esfuerzo y ahorros propios, sin la ayuda del Estado técnica, económica o social, a pesar de la importancia de la población residente como fuerza de trabajo y ciudadanos con derechos.

Puede hablarse de ventajas en relación con la existencia de Planes Locales de Desarrollo Urbano (PDUL) elaborados para casi todas la ciudades del país, así como Planes de Ordenación Urbanística (POU) de mayor escala o ámbito espacial, con excepción de la ciudad de Caracas, que  cuenta no obstante con el Plan Caracas Metropolitana 2020, elaborado en 2011 por la Alcaldía Metropolitana, con lineamientos estratégicos de dotación de equipamientos e infraestructura básica, protección ambiental y emprendimiento entre otros aspectos generales. Se cuenta igualmente con un Plan Nacional de Ordenación Territorial vigente (PNOT, 1998) que definió en su momento actividades líderes por ciudad. Sin embargo, este Plan se encuentra amenazado en su aplicación, por la elaboración paralela de planes fallidos como el de desarrollo del Eje Orinoco – Apure, o el Eje Norte – Llanero, totalmente negados a la realidad urbanística, histórica, económica y geográfica ambiental del país, cuya aplicación solo ha desviado recursos y atención sin resultados posibles.  

Debe incluirse también como ventaja para el país, la reflexión acumulada acerca de la habilitación física de barrios, concretada en el Plan del mismo nombre para las principales metrópolis del país, elaborado a partir de la gestión Consejo Nacional de la Vivienda (CONAVI) alrededor del año 2000 y posteriormente paralizado, cuyos contenidos deben ser actualizados e integrados formalmente a todos los planes urbanos del país, sin desviar recursos hacia “políticas de maquillaje” o simplemente desatención, como ha venido sucediendo en los últimos años.

Ahora bien, los planes urbanos existentes deben actualizarse, adoptando el estudio del potencial económico de la ciudad, de las actividades generadoras de riqueza, para definir estrategias de inversión y planificación, con base en la teoría disponible para la modelación económica y espacial. Los planes urbanos y territoriales deben ser actualizados bajo criterios de promoción del desarrollo y del crecimiento urbano compacto y sostenible, ratificando el reconocimiento del sistema integrado y jerarquizado de metrópolis. Asimismo consideramos que debe procurarse la creación de una unidad de análisis en las instituciones de gobierno y académicas para la creación de data sobre crecimiento metropolitano (PIB), como fuente de información para la planificación económica urbana y la planificación urbanística.

Es también necesario plantearse estrategias de atracción de capitales foráneos y la reinversión de capitales nacionales en industrias y servicios clave, así como potenciar las fuentes de recursos tradicionales. Para la atracción de capitales privados foráneos, son necesarias las investigaciones que permitan visualizar experiencias exitosas de inversión y desarrollo urbano, atrayendo estos capitales a partir del estudio del potencial económico, de los recursos naturales y humanos de nuestras ciudades, y contando con la asociación con el sector privado local y con la creación y apoyo a centros de investigación y asociaciones público-privadas encargadas e investigar y fomentar estas estrategias. Pero sobre todo, se requiere estabilidad económica general, seguridad jurídica y legitimidad democrática de las instituciones, que son el respaldo indispensable para la recuperación.

En relación con los ingresos propios municipales, se tienen ventajas en la experiencia de administración municipal acumulada a raíz de los procesos de descentralización desde los años 80, en la disponibilidad de instrumentos de recolección de ingresos propios locales, en las mejoras recientes en los mecanismos administrativos de cobro de impuestos como el de Inmuebles Urbanos (IIU), y en el cobro de plusvalía urbana (caso del Municipio Baruta en Caracas). Sin embargo, debe procurarse la modernización de los mecanismos de auditoría financiera municipal en función de la formulación conjunta de objetivos económicos y de desarrollo o planificación urbana. Debe revisarse la legislación disponible para propiciar la implementación de mecanismos novedosos, distintos a transferencias, tasas e impuestos propios tradicionales, cuya puesta en práctica está también íntimamente ligada al análisis económico y espacial urbano, y a los planes urbanísticos. Igualmente deben llevarse a cabo acciones para optimizar el uso de los instrumentos de ingresos locales vigentes e implementar otros novedosos, especialmente los ingresos asociados al desarrollo de proyectos inmobiliarios. Es necesario revisar las bases y el diseño de otros impuestos como los derivados de instrumentos tributarios sobre el suelo, y mantener al día estudios inmobiliarios ad hoc y reglamentaciones (TORRES, 2013).

Debe asimismo lograrse la integración del trabajo de planificación económica, de planificación urbana y de planificación económico-financiera local en cada municipio o en cada metrópoli de municipios integrados, todo dentro de un marco de seguridad jurídica, de mecanismos de descentralización, de restitución de los niveles de gobierno local urbano y metropolitano, de participación ciudadana y de cooperación subsidiaria del gobierno central.

Dada la situación crítica actual, lograr objetivos de reconstitución urbana como los que aquí hemos sugerido, debe ser una meta inmediata de nuestras instituciones, sin embargo, la elaboración de instrumentos y la implementación de acciones, deben incorporar criterios que permitan desde ahora superar este nivel básico de reconstitución,  y que posibiliten visualizar simultáneamente una imagen objetivo de mediano y largo plazo, que integre nuestros centros urbanos a metas de crecimiento económico, tecnológico y de competitividad, con robustas bases ontológicas, teóricas y empíricas.

EL CASO DEL ESTADO LA GUAIRA. DOBLE SISMO DEL DÍA DE SAN JUAN, 2026.


El día 24 de junio de 2026, día de San Juan, tuvieron lugar dos sismos separados por pocos segundos entre sí, de 7,2 y 7,5 grados en la escala sismológica Mw respectivamente. Este evento excepcional por su intensidad y por su duplicidad casi simultánea, dejó huellas de devastación gravísimas, que sin embargo pudieron ser eludidas o evitadas si se hubiesen cumplido todas las previsiones efectivamente vigentes antes del desarrollo de la mayoría de las edificaciones residenciales y otras devastadas.


La Guaira, julio 2026. Fuente EURONEWS.COM

Según el informe Geoambiental del Estado Vargas, 2011, el suelo del sector costanero de Caraballeda, con de deyección de material arrastrado por deslaves, presenta inestabilidad por licuefacción en zona sísmica 4 (clasificación de FUNVISIS), de alto riesgo por su localización respecto a la Falla de San Andrés (INE, 2011) y basamento profundo, a una distancia mayor de 400 metros de profundidad. Situación similar se describe para la zona de Playa Grande, donde otras edificaciones se desplomaron en el evento sísmico, tanto de viviendas de interés social como de desarrollo particular o privado en menor cuantía, como se reporta en el informe de recopilación de información de H. Siciliano (2026). Esto indica que el conocimiento en relación con la peligrosidad de los terrenos, sin medidas extraordinarias de construcción, derivaría en situaciones de riesgo ya calculadas a partir de su ocupación y edificación sin esas previsiones constructivas.

Adicionalmente los estudios de microzonificación sísmica, exigida en la Norma sismorresistente COVENIN del año 2019 , realizados para buena parte de la metrópolis caraqueña, no fueron realizados, más allá de la zonificación general de plan realizado por la Autoridad Única de Vargas luego del deslave catastrófico sufrido en 1999, cuyas obras hidráulicas de protección de cursos de agua que arrastraron toneladas de material desde la montaña, nunca fueron culminadas en su totalidad o tampoco realizadas con las especificaciones constructivas recomendadas. . Esta zonificación general fue considerada en la elaboración del POU realizado luego, y las zonas de riesgo fueron zonificadas como zonas especiales con fuertes limitaciones edificatorias (Urbanista Ariana Tarhan, 2026).

La responsabilidad de las municipalidades es la de inspeccionar y otorgar la habitabilidad a las edificaciones construidas en sus territorios. La de las empresas constructoras, la de cumplir con las normas exigidas por ley y el uso de materiales de probada calidad y resistencia para los proyectos en ejecución, procedimientos que probablemente fallaron o estuvieron ausentes, bien por omisión, por limitaciones técnicas de las oficinas de Ingeniería Municipal, tales como la falta de personal especializado y recursos, o el impedimento a las inspecciones y aprobaciones impuesto por autoridades del gobierno nacional en el caso de las obras llevadas a cabo sin atención a la autoridad y normas locales.

Según el parte oficial de fecha 22 de julio de 2026, la cantidad de personas fallecidas asciende a la fecha a 5.398, con 16.740 heridos, 23.335 personas en campamentos, 17.907 damnificados, 856 edificios afectados y 190 edificios colapsados (Agencia Venezolana de Noticias AVN. 2026).

Según otras investigaciones preliminares, en el desarrollo de viviendas de interés social de la Misión Vivienda, desarrolladas directamente por el gobierno nacional, de 43 torres denominadas OPPPE, con alrededor de 27.000 residentes, 16 se desplomaron completamente con el trágico resultado de miles de fallecimientos por el colapso. Mientras tanto, otras 27 se mantienen en pie con graves daños estructurales (Armando . Info, 2026).

Se han habilitado más de 79 campamentos temporales en estadios , parques y centros deportivos así como otros levantados informalmente por la propia población afectada. Un tercio de las escuelas de la capital Caracas han sufrido daños en sus instalaciones, dificultando el regreso a clases en septiembre, y según UNICEF, unas 650.0000 personas necesitaran asistencia humanitaria, entre ellas 234.000 menores de edad (NN.UU., 2026). El Grupo Banco Mundial estima en 19.600 millones de dólares los recursos necesarios para la reconstrucción de zonas afectadas por el doble sismo de San Juan en todo el país (BM, 2026)

LA GUAIRA Y SU PLANIFICACIÓN URBANÍSTICA.

La situación de atraso o falta de actualización de los planes urbanos de diferentes escalas en las ciudades venezolanas en las últimas dos décadas con contadas excepciones, se hace ahora una necesidad urgente y por demás delicada para el caso de la Guaira.  La investigación sobre nuevas condiciones o normas constructivas, dado el aprendizaje que debe darse a partir del sismo de San Juan, y el estudio de microzonificación sísmica, son condiciones previas y necesarias para la formulación de objetivos de desarrollo urbanístico, social y económico de la entidad.

La elaboración de un POU, un PDUL, Ordenanzas de densidad y usos del suelo, y otros planes y actuaciones especiales de reconstrucción de los sectores más afectados, también debe ir acompañada del fortalecimiento de la capacidad financiera, técnica y autoridad institucional del gobierno local y de las oficinas de planificación e ingeniería municipales.


                  Propuesta de acciones de ordenamiento urbano (elaboración propia)

La localización de viviendas temporales resulta un tema urgente y que debe ser atendido con visión de evento transitorio, que de lugar al desarrollo de viviendas definitivas que permitan mantener el arraigo de la población local, tomando en cuenta la cantidad de damnificados víctimas del evento sísmico. Estas acciones deben ser coordinadas así, con la visión futura de recomposición urbanística residencial y económica de los sectores citadinos del estado, así como de sus principales fuentes de empleo y recursos, como el aeropuerto y puerto internacionales, con su indudable carácter estratégico y ventajas comparativas a nivel nacional y continental, atractores de intercambio e inversiones internacionales.

Debe atenderse con prioridad y con seriedad la ejecución de obras hidráulicas en previsión de nuevos fenómenos meteorológicos de lluvias extraordinarias y deslaves como el del año 1999.

Debe también extenderse la mirada planificadora y la ejecución de los planes hacia las zonas de vivienda informal o barrios, los cuales, a pesar de no haber sufrido la catástrofe sísmica más que en mínimo grado, son zonas igualmente vulnerables antes otros eventos de la misma naturaleza, con comportamiento distinto, según su intensidad y la particular forma de propagación de ondas, en combinación con los tipos de suelo y las tipologías edificatorias en muchos casos precaria en estas zonas.

Los planes urbanos, deberán plantear el desarrollo armónico de infraestructura de servicios, vialidad, transporte, actividades residenciales, empleadoras turísticas y asociadas a los polos del puerto y el aeropuerto internacional,  y actividades de equipamiento urbano cultural, educacional, recreativo, tecnológico (TORRES, 2023), de salud, entre otros, con normas que deben ser actualizadas y armonizadas (TORRES, 2017), así como medidas de protección ambiental, entre ellas la gestión de escombros,  arborización urbana (TORRES, 2021), mitigación de riesgos ambientales y vulnerabilidades, y capacidad de respuesta resiliente ante eventos extremos climáticos y naturales recurrentes como ya se conoce. Además, la investigación de responsabilidades penales debe ser un punto de partida para acciones de justicia ante situaciones que nunca debieron suceder ni deberán suceder en el futuro.

Urbanista Hilda Torres Mier y Terán. Julio, 2026

hilda.torres@ucv.ve; torresmiery@gmail.com;  Instagram: htmyt2021,

LAS CIUDADES VENEZOLANAS, CRISIS Y RECONSTITUCIÓN (actualización). EL CASO DE VARGAS, 2026.

V enezuela tiene una de las mayores tasas de urbanización del continente, un patrón de concentración espacial urbana predominante de la pobl...